jueves, 21 de junio de 2018

Emigración española desde mediados del siglo XIX hasta los años treinta del siglo XX.


Resulta muy aventurado ofrecer cifras exactas en relación al total de la emigración española durante el siglo XIX, especialmente hasta 1882, año en que se crea un departamento antecesor del Instituto Nacional de Estadística. Las cifras, además varían mucho entre unos autores y otros.

La emigración total bruta de españoles entre 1882 y 1900 estaría en torno al millón de personas, lo que equivaldría a unos 61.000 emigrantes españoles totales en esas fechas, cifra que aumentaría considerablemente en los primeros trece años del siglo XX, hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial, que contarían unos dos millones de salidas, lo que supondría entre 141.000 y 148.000 salidas anuales.

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Este aumento de la emigración total en los tres primeros decenios del siglo XX fue considerable, contando las cifras oficiales con algo más de tres millones de salidas, aunque en la realidad fuesen casi cuatro millones y medio de españoles los que abandonasen el país en busca de otros destinos. Esta diferencia de cifras vendría dada por la emigración ilegal, organizada para no pagar las tasas de emigración y también para los que querían eludir el servicio militar.

Por otra parte y teniendo en cuenta que se trata de cifras aproximadas, Woodruff, considera que entre 1830 y 1900 habrían emigrado alrededor de 1,4 millones de españoles.

Además de las cifras, atendiendo a las motivaciones que dieron lugar a esta emigración encontramos como siempre las causas económicas, señalando Gabriel Tortella y Feliciano Montero, la pervivencia de prácticas señoriales, condiciones de arrendamiento de tierras muy duras, expropiación de bienes comunales, etc., y fianlmente, en el último tercio del siglo, este autor, responsabiliza a la crisis agraria y a la respuesta proteccionista de la España de la Restauración. También señala este autor como auténtico motor de la emigración en España desde principio del siglo XX hasta la Primera Guerra Mundial por la apreciación de la peseta que se dio por la “estabilización de Villaverde”.

Las causas políticas también estarían presentes en la emigración española del siglo XIX, comenzando ésta en 1814 al terminar la Guerra de la Independencia y la vuelta a España de Fernando VII. Estos movimientos migratorios destacarían por el alto nivel cultural de muchos de los exiliados, serían los llamados “afrancesados” o liberales y tendrían que emigrar en varios momentos, dependiendo de la persecución sufrida en los momentos absolutistas.

El mayor número de emigrantes españoles se dirigieron hacia el continente americano. Este tipo de emigración había comenzado en el siglo XVI con la conquista, aunque posteriormente, la política nacionalista de los borbones había puesto muchas trabas a la emigración. Sin embargo, desde 1853 se lleva a cabo una política de eliminación de obstáculos a la emigración, a la vez que los países de destino comienzan una política de atracción de inmigrantes y de capitales para la explotación de sus enormes recursos naturales. Se estima que entre 1857 y 1935 habían emigrado 2.500.000 españoles a Argentina. Esta emigración hacia Suramérica tendría como destinos principales los siguientes países: Argentina, Brasil, Uruguay y Cuba. Se trata de una emigración compuesta básicamente por campesinos debido a la crisis agraria. La mayoría de los emigrantes era de procedencia atlántica (canarios, asturianos y gallegos), dedicados a las tareas agrícolas y con muy bajo nivel de cualificación.

Este movimiento migratorio en dirección a América formará parte de uno mayor a nivel europeo en el que, gracias a una etapa de crecimiento económico acelerado y generalizado en Suramérica en la segunda mitad del siglo XIX, grandes contingentes de población europea llevarán a cabo una emigración masiva hacia ese continente. Un dato a tener en cuenta, según Carlos Malamud, es el hecho de que la población lationamericana se duplicó entre 1850 y 1900 siendo la inmigración de procedencia europea el motor de ese crecimiento demográfico.

La emigración a América se estancó durante la Primera Guerra Mundial por la inseguridad creada, retomándose de nuevo en los años veinte aunque sin llegar a los niveles de los años anteriores al conflicto bélico. Ya en los años treinta, los países suramericanos que tanta mano de obra habían necesitado (además de capitales, aunque ese es otro asunto), después de la crisis del 29 promulgaron leyes restrictivas a la inmigración estableciendo cuotas anuales.

La emigración permanente a Europa, especialmente a Francia, también había sido una salida tradicional hasta la Primera Guerra Mundial por parte de agricultores estacionales y mujeres para el servicio doméstico. La procedencia de estos emigrantes eran principalmente agricultores levantinos.

Además de esta emigración por motivos económicos hacia Francia, habrá otra corriente de emigración, en este caso política, iniciada al finalizar la Guerra de la Independencia. Se trata de los afrancesados, admiradores de la cultura, costumbres y libertad francesas que se pondrán al servicio del nuevo rey José I por lo que pasarían a ser considerados traidores. El decreto de mayo de 1814 hizo que fueran perseguidos, castigados, encerrados y exiliados en el país vecino donde fueron alojados en varias ciudades del sur. Este exilio estaba formado por la élite de la intelectualidad, unas 12.000 personas que abrían la emigración política del siglo XIX y que deambularían por las ciudades del sur de Francia cobrando una pequeña pensión insuficiente del gobierno francés y en el mejor de los casos accediendo a un empleo. De la misma forma, el absolutismo de Fernando VII llevó a otro exilio político formado por los liberales que habían formado parte en las cortes de Cádiz y que acabaron en las mismas ciudades francesas que los afrancesados y sufrieron igualmente la persecución, encarcelamiento y exilio.

La emigración española al norte de África durante esta época es menos conocida y menos numerosa que las dos anteriores. Su característica más peculiar es que se trata de una emigración temporal formada en su totalidad por trabajadores del campo, especialmente del levante español, Comunidad Valenciana, Islas baleares, Murcia y Andalucía Oriental. Esta emigración aparece con la conquista francesa de Argelia y no está bien documentada en España por falta de documentación. Lo que sí está claro es que a la altura de 1930 existían unos 300.000 españoles asentados en el norte de África aunque inicialmente hubiera sido una emigración temporal.

Autor: José Luis Romero Carretero.

Desplazamientos de población en Europa en el periodo de entreguerras.


Durante la Primera Guerra Mundial, millones de personas se vieron obligadas a abandonar sus países de origen y tenían necesidades apremiantes. Ante esta situación, la Cruz Roja internacional decidió que la ayuda intergubernamental no era suficiente y alertó a las Naciones Unidas, recientemente creadas que a su vez, estableció en 1921 la Oficina para el Alto Comisionado para los refugiados.

La Gran Guerra originó el desplazamiento de más de ocho millones de personas que vagaban por la vieja Europa sin que existiese ninguna organización de ayuda a los desplazados. La Liga de las Naciones como predecesora de las Naciones Unidas se hizo responsable de las necesidades de estas personas, promovida por personajes como Nansen que pondría en marcha una red de solidaridad que salvaría millones de vidas y  merecería el premio Nobel de la Paz en 1922.

Con la Primera Guerra Mundial apareció o se acentuó el carácter global de los conflictos bélicos y con él nació también un movimiento de masas de carácter general por esa causa. Iniciaba así lo que sería un problema internacional agravado en nuestros días, el desplazamiento de importantes masas de población originadas por conflictos bélicos internacionales. De esta manera, el refugiado o emigrante político adquiría una importancia que hasta el momento no había tenido, así nacía el concepto de refugiado. El fenómeno había comenzado en 1912 con ocasión de las guerras balcánicas, agravándose con el conflicto bélico internacional y llegando al extremo con la Revolución Soviética en 1917 y para terminar con la serie de guerras con la de turcos y griegos en 1922.

Solamente en España, que se había mantenido neutral en la guerra y había cerrado sus fronteras, existían 2000 refugiados de las potencias centrales y unos 800 rusos que serían expulsados del país, junto con otros turcos, rumanos, etc.

A diferencia de la actualidad, durante la Gran Guerra, los muertos civiles se reducían al 19% mientras que en la actualidad se elevan al 90%, sin embargo, tanto a finales de la Primera Guerra Mundial, como en la actualidad, la población civil es la más afectada por los desplazamientos, superando los ocho millones de desplazados al termino de ese conflicto bélico y los consecuentes problemas relacionados con ese gigantesco movimiento de población.

En el periodo entreguerras habrá un numeroso ajuste demográfico, con desplazamientos y emigraciones constantes desde Alsacia, Lorena, Polonia y en los desaparecidos imperios turco y austro-húngaro. Solamente, después del Tratado de Lausana en 1923 se provocaría el movimiento de 1 millón de griegos desde Anatolia y Asia Menor hacia Grecia y de otros 500.000 turcos en dirección contraria.

El último gran movimiento de población durante el periodo de entreguerras fue provocado por el fascismo y en el laboratorio que fue la Guerra Civil Española. El número de españoles que debieron abandonar el país, durante, y sobre todo al final de la Guerra Civil asciende a 500.000 desplazados, casi todos en campos de concentración en el sur de Francia.

La Sociedad de Naciones había nacido en 1919, después de la brutal Guerra Mundial para garantizar y hacer posible la paz entre naciones pero en un principio no había tomado medidas, ni se había planteado el problema de los desplazados. Sería en agosto de 1921 cuando la Sociedad de Naciones decidiera afrontar el problema y crear el Alto Comisionado para los Refugiados. Desde 1919, Nansen habría asumido las responsabilidades de los desplazados. En el periodo inmediatamente anterior esta responsabilidad habría recaído sobre organismos humanitarios como la Liga de Sociedades de la Cruz Roja.



Similitudes y diferencias entre los términos: desplazado, migrante, refugiado y exiliado.


En la actualidad existen millones de personas desplazadas.  En 1913 el número de desplazados alcanza su máximo nivel desde la II Guerra Mundial, así, había 51 millones de desplazados en el mundo, como consecuencia de los conflictos bélicos, la violencia generalizada y la persecución, un millón más que los producidos por el conflicto bélico general del siglo XX.  Por distintos motivos, son cuatro los países más afectados por los desplazamientos internos de población. De mayor a menor son Siria con 6,5 millones, Colombia con 5,3 millones, República Democrática del Congo con 2,9 millones y Sudán con 1,8 millones.

Las reivindicaciones de cambios democráticos  de la “primavera árabe” en algunos países como Egipto se desarrollaron de forma pacífica pero en países como Libia y Siria dieron lugar a sendas guerras civiles con cientos de miles de muertos y por supuesto, desplazados. En el caso de Libia se estima en 400.000 el número de desplazados según (ACNUR/UNHCR 16 enero de 2015) y  Siria como el país que sufre la peor grave crisis humanitaria de la historia reciente con más de 2.500.000 de desplazados externos y 6.500.000 internos.

Según ACNUR “Refugiado es la palabra que define a alguien que se ha visto obligado a abandonar su país por la guerra, la violencia o la persecución, y las violaciones de derechos humanos.”, aunque esa organización también ayuda a personas que se encuentran desplazadas por desastres naturales.

Una modalidad de desplazados son los “desplazados internos”, que tienen unas características propias. En el caso de los desplazados que cruzan la frontera de su país de origen se convierten en refugiados, mientras que en el caso de los desplazados internos, se trata de personas con idénticas características que los desplazados en general pero con el agravante de que son desplazados pero no han salido de las fronteras de su país con todo lo que eso conlleva, el interminable círculo de persecución y violencia y la dificultad para recibir ayuda externa.

Los migrantes, lo son, ante todo por causas económicas, siempre con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas que emigran hacia otras regiones con mayores posibilidades de empleo. Se denomina movimiento migratorio al desplazamiento de residencia, de los individuos desde un lugar de origen o lugar de partida, a un lugar de destino o lugar de llegada. La migración es todo cambio permanente de lugar de residencia. Puesto que la causa principal de la migración es económica, la existencia de desigualdades entre países o entre regiones dentro del mismo país, esa desigualdad económica es el motor principal para las migraciones.

Los movimientos migratorios durante los siglos XIX y XX configuraron definitivamente la ocupación del planeta. En ese momento se van a afianzar los “países nuevos”, Canadá, EEUU, Sudáfrica, Argentina, Brasil, etc. Y además tendrán una característica principal que será la homogeneidad europea de su población. Entre 1800 y 1924 abandonaron el continente europeo alrededor de 60 millones de personas, las causas fueron las transformaciones en el campo y las primeras crisis capitalistas en Europa.

Los refugiados ante la imposibilidad de volver a sus países de origen terminan por convertirse en exiliados. Esto es lo que ocurre después de la violencia, la persecución, la huida y el establecimiento en un país distinto al suyo y el conflicto deja de tener interés para los medios de información. Durante los largos años de exilio, los refugiados deben padecer las más calamitosas situaciones de violencia, miseria e incluso prostitución o violaciones en el caso de las mujeres.

Especial consideración debe darse a los niños que nacen en esa situación de refugiados, en muchos casos, en campos de concentración. Estos niños van a sufrir doblemente el exilio, a todos esos padecimientos se une la falta de una formación adecuada e incluso si se diera la condición más favorable que sería la vuelta a sus países de origen, éstos niños serían y se considerarían a si mismos como extranjeros.

Los problemas derivados de los conflictos bélicos llevan a estas situaciones mientras que los organismos internacionales son incapaces de hacer frente a esos conflictos cargados de intereses económicos y a los que sólo pueden atender de forma subsidiaria y muy deficitaria en forma de ayudas que nunca llegan a cubrir los objetivos básicos y se quedan muy alejados de llegar a la totalidad de los refugiados.

Evidentemente, la diferencia con respecto a los migrantes es bastante grande, ya que estos, como ya se ha dicho, siempre lo son por causas económicas y aunque estas pueden llegar a ser insoportables en los países o regiones de origen de estos movimientos migratorios, siempre son menos traumáticos debido a que no ha existido una violencia de origen y no ha habido sucesos trágicos y violentos con respecto a familiares o amigos.

Además de lo dicho, dentro de la emigración existen muchas diferencias, aunque las causas sean principalmente económicas, no siempre los emigrantes parten de una misma situación. Estas situaciones pueden ir desde la pobreza absoluta de emigrantes de algunos países de África y Asia que no tienen ni medios materiales ni tampoco una formación académica ni profesional hasta la emigración de países desarrollados en la que la pobreza no es extrema y los emigrantes pueden llegar a tener una cualificación profesional y una formación académica elevadas.

Autor: José Luis Romero Carretero




viernes, 22 de septiembre de 2017

El largo camino español hacia Europa.

ÍNDICE:




I.0 - Introducción.


I.I - La CEE desde su origen hasta el ingreso de España en 1986.


I.II - Política internacional durante el franquismo.


I.III - El periodo de la Transición.


I.IV - El camino definitivo hacia la adhesión.


I.V- Factores y consecuencias de la integración de España en Europa.

BIBLIOGRAFÍA.







I.0 - Introducción.

En el origen de la Comunidad Económica Europea la situación de España era la de un país completamente destruido por la Guerra Civil, expulsado de todas las instituciones internacionales por su conexión con los fascismos y en el que una dictadura de corte fascista mantiene una política autárquica. En 1950, el Ministro de Asuntos Exteriores francés Robert Schuman propone la integración de los países europeos en la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. La idea de una Europa unida no era nueva, aunque el impulso que tomará después de la destrucción durante la II Guerra Mundial ganará muchos adeptos. Desde los EEUU también veían con buenos ojos esta oportunidad que disminuiría la posibilidad de nuevas guerras. A la altura de 1946, Winston Churchill pronuncia un discurso en la Universidad de Zurich a favor de la creación de “unos estados unidos de Europa”, aunque finalmente, Gran Bretaña no formará parte de los países fundadores. En este contexto, la España franquista no encajaba, la continuidad del fascismo en nuestro país debido a la neutralidad relativa de Franco durante la II Guerra Civil impedía mantener unas relaciones internacionales normales con las democracias occidentales. En 1950 llegó la retirada de la resolución condenatoria a la España de Franco por parte de la ONU, la vuelta de los embajadores extranjeros y el restablecimiento de las relaciones internacionales, pero se trataba de convertir a España en un país aliado contra el comunismo en un contexto internacional de guerra fría contra el comunismo, lo que estaba muy lejos de integrar a nuestro país en instituciones internacionales como la CEE. Será en 1951 cuando los seis países fundadores, (Francia, Países Bajos, Luxemburgo, Bélgica, Alemania e Italia) firmaran el Tratado de París por el que se crea la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA).

El viaje hasta la aceptación de España como miembro de la Comunidad Económica Europea fue largo y tortuoso. No podemos olvidar las relaciones internacionales de nuestro país durante el franquismo y la marginación a la que estaba sometido el régimen, precisamente por su ausencia de democracia. Antes incluso del cambio de política que supuso el Plan de Estabilización, a la altura de 1957 Castiella había comenzado las negociaciones para el ingreso de España en la OTAN cosa que resultaba bastante improbable debido a la naturaleza del régimen franquista. Cinco años después, en febrero de 1962, el mismo Castiella va a solicitar por primera vez a la Comunidad Económica Europea el ingreso de España como miembro de esa comunidad. La respuesta sería rápida, la CEE no podía admitir entre sus socios a un país antidemocrático, y en el mes de marzo recibía la negativa a la adhesión comunitaria.

En cualquier caso, el camino había comenzado a andarse y mostraba claramente la orientación en política exterior en la que había que incidir, aunque también quedó demostrada la terquedad de la dictadura en no llevar a cabo cambios significativos hacia la apertura democrática, así como la imposibilidad del nacionalismo español de asumir cualquier intercesión de los países vecinos. Aún así, EEUU también recomendaba a la CEE que aproximara posiciones con la dictadura franquista.

Finalmente, tras años de diplomacia dedicada al acercamiento, con origen en el Plan de Estabilización en 1959, con el nuevo ministro de Exteriores, López Bravo, se llegó a firmar un tratado preferencial con la CEE en 1970 que era el máximo al que estaban dispuestos a ofrecer los miembros de la comunidad a un país antidemocrático y también por parte de las autoridades franquistas, celosas de su integridad nacional y de su forma de gobierno.

Hubo de esperar España a tener una joven democracia, atacada todavía por algunos sectores franquistas para que algunos países de la CEE vieran urgente la aceptación de nuestro país en el club europeo. Durante el periodo de la transición, aunque los gobiernos de UCD eran favorables y pidieron la integración de España, los esfuerzos estaban centrados en la política interior que era observada con atención por los países miembros. Tras el golpe de estado de febrero de 1981, y especialmente, desde el triunfo del PSOE en 1982, no sería el momento en que algunos de esos países más influyentes se plantearan de forma urgente la integración de España en la CEE. Sería Alemania la que mostrara más interés y Francia la que tuviera más reticencias a esa integración. La política exterior en estos años se vería reforzada hasta la consecución de la firma del Acta de Adhesión y la definitiva entrada de España en la CEE el 1 de enero de 1986.


I.I - La CEE desde su origen hasta el ingreso de España en 1986.

El origen de la actual Unión Europea a nivel intelectual se remonta a periodos anteriores al nacimiento moderno de la CEE. La idea de una unidad europea ha ido asentándose muy lentamente a lo largo del tiempo. Desde la caída del Imperio Romano, la difusión de numerosos nacionalismos medievales que iba en dirección contraria a esa unidad hasta las dos guerras mundiales, que irónicamente, después de ese gran enfrentamiento nacionalista, despertaría y daría el empuje definitivo a la idea de esa formación de la Unión Europea. Uno de los primeros ideólogos de la unidad europea en el siglo XX fue Kalergi y su pensamiento de una “Paneuropa” o unión de todos los pueblos europeos. El principal problema, además de los nacionalismos exacerbados, era la rivalidad franco-alemana tradicional y en especial sobre las regiones de Alsacia y Lorena. Después de la I Guerra Mundial, durante el periodo de entreguerras, en 1929, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Arístides Briand, presenta en la desaparecida Sociedad de Naciones el proyecto de la “Unión Federal Paneuropea” acogida favorablemente por 27 estados europeos. La crisis de los años treinta y el ascenso de los fascismos y nacionalismos exacerbados, hicieron fracasar ese proyecto.

Sería después de la Segunda Guerra Mundial cuando reaparezca con fuerza la idea de unidad europea. En la Conferencia de Yalta se establecía la influencia soviética sobre los países del este, mientras que una Europa en ruinas sentía la necesidad de unión bajo la supervisión de EEUU que se encargaría de la ayuda y reconstrucción de Europa Occidental. Winstons Churchill en 1946 en Zurich apela a la creación de “los Estados Unidos de Europa” (hay que tener en cuenta que los británicos no son precisamente los mayores defensores de esa  unión).
Un hito importante en el acercamiento sería la firma del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) el 4 de abril de 1949 y que implica a EEUU en la defensa de Europa.

Sin embargo, el punto de partida de la moderna CEE está en la puesta en marcha del Tratado de París en 1952 (CECA) a instancias de Schuman, el ministro francés de Asuntos Exteriores y que firmarían Francia, Alemania Federal, e Italia, más los tres países del Benelux (Luxemburgo, Países Bajos y Bélgica). En este momento, Gran Bretaña rechazó el proyecto europeo. Tras un periodo de intensas relaciones entre los seis países miembros se firmaría el Tratado de Roma el 25 de mayo de 1957. Durante los años sesenta se iría afianzando este espacio comunitario en un momento de elevado crecimiento económico y prosperidad europea, lo que era visto con admiración por parte de los responsables políticos españoles y de ahí el interés en la integración en la CEE, además de un cambio desde la autarquía inicial del franquismo propiciada por falange hasta posiciones más puramente técnicas que propiciaba otra familia integrante del franquismo, el Opus Dei, y la nueva política puesta en marcha a partir del Plan de Estabilización de 1959. Muy importante va a ser la aparición de la PAC en 1962 y en 1968 se eliminaran las fronteras por completo a la vez que crecía el comercio con otras regiones del mundo.

Durante los años setenta, en 1973 tendrá lugar la primera ampliación de la CEE, con la incorporación de Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca, ampliando así el espacio económico y la fuerza de trabajo y mercado. Precisamente, en 1973 se iniciaría la crisis del petróleo y vendrán los ajustes económicos, mientras que España duplica las acciones de acercamiento a la CEE tras la muerte del dictador Franco en noviembre de 1975.

En 1981 tendría lugar una nueva ampliación de la CEE, en este caso hacia el Mediterráneo, con la incorporación de Grecia y que sería seguida por otra ampliación en 1986 en la que ingresarían España y Portugal. Este sería el momento en que nuestro país se esforzara definitivamente y a la vez sus peticiones serían atendidas en esa expansión hacia el Mediterráneo poniendo fin a las fronteras del continente en esta región.



I.II - Política internacional durante el franquismo.


La definitiva derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial supuso la emergencia de la derecha democrática en Europa y fue un momento en el que se percibió que esa victoria haría caer al régimen franquista que tuvo que evolucionar y desentenderse de todas las características que le unían al fascismo. De esa forma, tras la derrota del Eje, Franco debió intentar acercarse a las democracias occidentales a través de la Iglesia Católica y de su anticomunismo. De todas formas, el aislamiento internacional a que se vio forzado el régimen no se hizo esperar, impidiendo su acceso a la ONU, con la frontera de Francia cerrada y con numerosos diplomáticos que abandonan sus embajadas.

Hasta el fin del ostracismo que se impondrá en la década de los cincuenta las relaciones con los diversos países europeos serán muy frías y distantes, excepto con la dictadura salazarista de Portugal. Francia había cerrado la frontera y apoyaba decididamente a las instituciones republicanas en el exilio, con Gran Bretaña existían tensiones con respecto a Gibraltar y con Alemania continuaba el bloqueo de bienes decretado por los aliados en 1945. Además, Salazar, aún teniendo cordiales relaciones con la dictadura franquista y compartir con esta la forma de gobierno mientras en el resto de Europa era el “amanecer” democrático, sus políticas eran bien distintas. Portugal iba a mantener sus buenas relaciones con Gran Bretaña.

No sería hasta 1952, cuando la nueva situación de Guerra Fría y el conocido anticomunismo del régimen lo que le haría ir recuperando una apertura y aceptación internacional, especialmente por parte de Gran Bretaña y EEUU y sobre todo a partir del Concordato de 1953.Según la Asamblea General de la ONU, el Consejo de Europa y el Parlamento europeo, el régimen de Franco, sería un sistema fascista, organizado e implantado en gran medida por la ayuda de la Alemania nazi y de la Italia fascista.


Será en los años 50 cuando se levante la condena internacional al franquismo y volverán a establecerse relaciones diplomáticas. Esta nueva situación se concretaría en el primer tratado internacional, el Concordato con la Santa Sede en 1953 y los primeros acuerdos con EEUU y culminando con su aceptación en la ONU en 1955.

La suscripción de los Tratados de Roma en 1957 hizo que España se replanteara su pertenencia a Europa, aún con sus características propias, marcadas por el pensamiento de buena parte de nuestros dirigentes, del carácter especial y diferenciador de los españoles con respecto al resto de europeos.

En este entorno internacional se va a empezar a construir la CEE y definitivamente, España sería alejada de ella en todos los aspectos, desde los ideológicos, hasta los culturales y económicos. Aún con esa barrera infranqueable mientras durase la dictadura de Franco, desde los años cincuenta, el intercambio cultural con Europa volvió a ser muy importante. Por una parte, el desarrollo y evolución del turismo, harán que nuestro país se convierta en lugar de vacaciones de numerosos europeos, y por otro, una inmensa corriente migratoria correrá España, llevando a más de dos millones de españoles a buscar trabajo en los países más desarrollados de Europa. De igual forma, las inversiones extranjeras en nuestro país, especialmente, a partir del Plan de Estabilización de 1959, junto con una creciente actividad comercial y la industrialización de España, aconsejaban la integración dentro de la CEE.


En cualquier caso, ese intercambio cultural y económico, no sería suficiente para que España fuera aceptada sin más, dentro de la CEE. El motivo principal, sería la dictadura. La Europa de posguerra no está dispuesta a aceptar entre sus miembros a un país que recuerda lo peor de la II Guerra Mundial y su implicación con los fascismos. De hecho, mientras que duró la dictadura, España no tuvo ninguna oportunidad. Desde el punto de vista del puritanismo del régimen nacido el 18 de julio de 1936, España tampoco estaba dispuesta a ceder ninguna porción de su soberanía a la CEE.

De este modo, como ya se ha dicho, sería Castiella, a la altura del 9 de febrero de 1962, el primero en llamar a la puerta de Europa, solicitando el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea en una carta dirigida al político francés, Maurice Couve de Murville, presidente de la Comisión.

El acuerdo preferencial firmado con la CEE en 1970, gracias al ministro López Bravo, hizo que se intensificara el comercio con los países miembros y resultó altamente beneficioso para España, mientras que un importante precedente, como fuera la primera ampliación de la Europa comunitaria en 1973 en la que pasarán a ser nuevos miembros Inglaterra, Irlanda y Dinamarca y con ella, la esperanza de España para su futura integración.






I.III - El periodo de la Transición.

El 22 de noviembre era proclamado rey Juan Carlos I, tras la muerte del dictador se iniciará un periodo de transición hacia la democracia, y con él, un verdadero apoyo al proceso democratizador español por parte de los países democráticos europeos. La evolución política de estos años hacia la democratización de España va a empañar cualquier otra acción política, económica, social o cultural.

Con muchas dificultades y desde mediados de los sesenta el proyecto europeo y una nueva diplomacia internacional, tanto en sentido de defensa en el ámbito occidental, estrechar lazos con los países latino americanos y renovar la amistad con los países árabes para reforzar la seguridad en la frontera sur, era objetivo ya de algunos políticos de la dictadura, sin embargo, va a ser con la muerte del dictador cuando el impulso europeísta se verá reforzado. Sin embargo, la debilidad económica española, la crisis económica mundial y la debilidad diplomática de España, unidas al proceso de cambio político observado con detenimiento por nuestros vecinos y las suspicacias que levantaba la posible competencia de productos agrícolas y ganaderos iban a dificultar aún más estas energías renovadas de integrarse en la CEE.

Además, aunque esta diplomacia de acercamiento a Europa por parte de parte de políticos franquistas iniciada por Castiella y los llamados “tecnicistas” en 1962, sufriría un parón importante con la radicalización de la dictadura en el “tardofranquismo” y su última actuación con la ejecución de etarras condenados a pena de muerte en otoño de 1975 poco antes de la muerte del dictador y la trascendencia internacional que ese acto había tenido, incluidas las peticiones a Franco desde el exterior para que no ejecutara a los terroristas.

Durante este periodo será cuando la petición española sería recibida de una forma seria y definitiva por la Comunidad Económica Europea. El rey Juan Carlos I tiene en vista este objetivo a la misma vez que la evolución política en el interior. De todas formas, las primeras elecciones democráticas desde 1936 no se celebrarían hasta el 15 de junio de 1977, y en poco más de un mes, el gobierno de Adolfo Suárez solicitó de forma oficial a la CEE su adhesión el 26 de julio de 1977 por parte de su ministro de exteriores Marcelino Oreja. Ese proceso político sería el que abriera definitivamente la puerta de entrada a la CEE de la mano, especialmente de Alemania. De todas formas, la principal preocupación en esta época va a ser el cambio político hacia la democracia, dejando de lado incluso las reformas económicas que deberían haberse puesto en marcha tras la crisis de 1973. Los Pactos de la Moncloa sellaban esa prioridad de avanzar en el cambio político por delante de otras necesidades, incluida la integración en la CEE. Además, había que volver a encajar las relaciones internacionales españolas con otras regiones como Sudamérica o los países árabes, EEUU, Israel y México.  Aún así, en noviembre de 1977 España ingresa en el Consejo de Europa y se firma la Convención Europea de Derechos Humanos.

El proceso iba a ser lento, ya que parece ser que en la CEE existían otro tipo de intereses distintos a la excusa ampliamente utilizada de no aceptar a España mientras fuera una dictadura. La PAC ya suponía una parte importante del presupuesto de la CEE y España como país agrícola y ganadero despertaba la preocupación de algunos países, lo que va a suponer una nueva etapa de espera y la decepción de los responsables políticos españoles. Para ello, se pusieron nuevas excusas, como que había que llevar a cabo una reconversión industrial que se demoraría finalmente hasta finales de los ochenta con el gobierno de Felipe González o la adaptación de la economía española para lo que se ofrecía un periodo de diez años. Sin embargo, el problema de fondo, sería el de los productos agrarios, ganaderos y la pesca y el principal opositor a nuestro ingreso Francia, por el temor a la competencia. La decepción del equipo dirigido por el futuro presidente Calvo Sotelo fue notoria y sólo tomaría nuevas posibilidades a partir de febrero de 1981 con un programa europeísta y favorable a la entrada en la OTAN. El golpe de estado de ese mismo día hizo que la CEE se replanteara su relación con la nueva democracia española.



I.IV - El camino definitivo hacia la adhesión.

Con la llegada de la democracia  las aspiraciones españolas para ingresar en la CEE se vieron renovadas una vez dejado atrás el impedimento principal de ser denegada su petición por ser España una dictadura y por haber evolucionado en el interior las ideas autárquicas y ultranacionalistas a una nueva mentalidad que miraba a Europa, no con recelo sino con admiración.

Tras el golpe de estado fallido del 23 de febrero de 1981 y la deriva militar, muchos países miembros empezaron a tomarse en serio la aceptación de España en la CEE para parar dentro de la misma Europa la vergüenza de una dictadura, para colmo, fascista, o heredera del fascismo que tantas vidas había costado en el continente durante la Segunda Guerra Mundial. Además, el último periodo de Guerra Fría se recrudecía y
En las elecciones de 1982 el PSOE obtenía más de diez millones de votos, ya habían dejado atrás algunos de los principios tradicionales del partido e iban a abandonar definitivamente otros en favor de la modernidad de nuestro país. España era necesaria como aliada. A la par, el PSOE cambiaba de estrategia e ideología nuevamente, después de haber dejado atrás, en los setenta, el marxismo, iba a dar un giro hacia la aceptación de la entrada de España en la OTAN. En este aspecto, no fue el socialismo español el único que cambiaba ideológicamente su rumbo, también lo hicieron los socialistas griegos y portugueses, ingresando Grecia en 1981 y Portugal a la vez que España en 1986.

Algunos autores consideran que el periodo de la transición no se completa hasta 1989, una vez finalizado el segundo mandato del gobierno socialista. Durante los primeros cuatro años se llevaron a cabo las negociaciones y fue cuando avanzaron definitivamente hacia la consecución del objetivo largamente buscado.

Va a ser Alemania la que con su poder dentro de la CEE va a presionar a Francia, a través de la PAC. Helmut Khol fue el artífice de ese convencimiento y del proceso de aceleración de entrada de España, mientras que el PSOE asumía la entrada en la OTAN, a la que había sido contraria, (el gobierno de UCD anterior era favorable) y así convencía a sus votantes para el referéndum.

Finalmente, sería el presidente Felipe González, acompañado del ministro de exteriores Fernando Morán, el secretario de Estado de Relaciones con las Comunidades Europeas Manuel Marín y el embajador permanente en las Comunidades Europeas, en el Palacio Real de Madrid, el 12 de junio de 1985, tras el discurso del rey Juan Carlos I y del presidente de la Comisión Jacques Delors, quien firmara el Acta de Adhesión de España a las Comunidades Europeas que tanto había costado y tantas horas de negociación habían hecho falta al gobierno socialista.

Hubo que esperar al 1 de enero de 1986 para que se convirtiera en realidad el sueño europeo y en el camino había habido una evolución importante en España, desde un cambio político de la dictadura a una democracia dirigida. El cambio ideológico del PSOE para poder acceder al gobierno y una evolución social y económica que se acercaba a Europa y que había comenzado en la década de los sesenta. Aún habíéndolo conseguido, las condiciones de ingreso fueron muy duras para nuestro país. Muchos productos españoles, especialmente agrícolas serían discriminados hasta 1992, precisamente los más competitivos, así como la libre circulación de españoles en la CEE. España debía eliminar las subvenciones a la industria, especialmente a la siderurgia. En el periodo siguiente el PSOE llevaría a cabo un proceso de reconversión industrial que afectaría a las principales zonas industriales del país azotando con niveles elevados de paro y enfrentamiento social. Si las condiciones habían sido duras para la agricultura, el sector pesquero vio reducido su elevado número de embarcaciones y de trabajadores y la supresión de todo tipo de subvenciones. El gobierno socialista aceptaba apretarse el cinturón a corto plazo con la esperanza de conseguir la integración europea de nuestro país, y con ello, su modernización y definitiva unión y paralelismo con los países de la CEE en el largo plazo.



I.V- Factores y consecuencias de la integración de España en Europa.

El ingreso de España en la Europa comunitaria casi treinta años después de su nacimiento y constitución, sería gracias a la actitud favorable por ambas partes y tendrá importantes consecuencias para nuestro país.

Los factores de integración serían básicamente dos, en el aspecto político y en el económico. Con respecto al primero, ya he explicado detalladamente sus principales aspectos que se resumen en la democratización española tras la muerte de Franco, durante el periodo de la transición que permitieron unas sinceras conversaciones con los países miembros y por parte europea, la voluntad de construir una Europa unida que estaba en el espíritu del origen de la CEE. Con respecto a los factores económicos, la economía española estaba muy lejos de aproximarse a las más modernas economías de los países europeos. La crisis de 1973 puso en evidencia las carencias de la economía española y la crisis política que precedió a la muerte de Franco en noviembre de 1975 vino a ralentizar más las posibles soluciones. La incorporación a la CEE ofrecía la posibilidad de paliar los efectos de la crisis y acercarse al nivel económico europeo, de ahí el carácter europeísta de los políticos en ese momento que incluía al PCE por su aspecto de lucha contra el franquismo y la idealización de Europa, la democracia y la libertad, junto con el nuevo eurocomunismo. Además, por parte europea, la competencia con EEUU y Japón y la creciente globalización de la economía, aconsejaba la expansión incorporando nuevos miembros que aportasen diversificación productiva y sobre todo, mercado de consumo.

Las consecuencias de la integración europea fueron importantes y diversas para España en los siguientes aspectos:

a)      Aspecto político. Reforzamiento y afianzamiento de la joven democracia española y de su estado de derecho. Definitivamente, se va a acabar con la marginación española en Europa a la vez que nuestro país o “marca España” ascendía de forma importante en visibilidad internacional. A su vez, para Europa, se van a consolidar las fronteras europeas en el sur del continente y van a mejorar las relaciones con los países sudamericanos.
b)      Aspecto económico. A la altura de 1986 España tenía un notable retraso tanto en PIB per cápita y competitividad económica y la tasa de paro duplicaba a la media europea. De esta manera las consecuencias económicas fueron:
-          Se obliga a España a llevar a cabo fuertes reconversiones de sus sectores económicos.
-          España recibe cuantiosas ayudas económicas europeas para mejoras estructurales.
-          Finalización del aislamiento económico tradicional español.

c)      Modernización social y nacimiento del Estado de bienestar.
d)     Modernización cultural.








Bibliografía:


-          Aldecoa Luzarraga, F., “La integración europea: análisis histórico-institucional con textos y documentos.”, Madrid: Tecnos, 2002.
-           
-          Azcárate, M.V., “La comunidad europea”. UNED, Madrid 1993.

-          Cortázar Rotaeche, C. y Castaño Reyedo, M.J.; “Veinte años de España en Europa” Universidad Pontificia de Comillas, 2008. Madrid.





Artículos académicos:

Pardo R., “La política europea de España desde 1975”  (está en la plataforma)

Pardo Sanz, R., “La época socialista: política y sociedad (1982-1996)”



La larga marcha hacia Europa: España y la Comunidad Europea, 1957-1986 Charles Powell



Periódicos durante la dictadura:

Anexos: documentación diario ABC.














Enlace web:


Maluquer de Motes, J., “El largo camino hacia Europa” Círculo de Economía, 2008 Realización editorial Centro Editor PDA, S. L. Edición Rosa Fragua Redacción del texto El largo camino a Europa. Cincuenta años del Círculo de Economía ( Pag. 286-296):




Web:

Página UE



Parlamento europeo.






martes, 11 de julio de 2017

La supervivencia del Franquismo tras el fin de la II Guerra Mundial

La definitiva derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial supuso la emergencia de la derecha democrática en Europa y fue un momento en el que se percibió que esa victoria haría caer al régimen franquista que tuvo que evolucionar y desentenderse de todas las características que le unían al fascismo. De esa forma, tras la derrota del Eje, Franco debió intentar acercarse a las democracias occidentales a través de la Iglesia Católica y de su anticomunismo. De todas formas, el aislamiento internacional a que se vio forzado el régimen no se hizo esperar, impidiendo su acceso a la ONU, con la frontera de Francia cerrada y con numerosos diplomáticos que abandonan sus embajadas. No sería hasta 1952, cuando la nueva situación de Guerra Fría y el conocido anticomunismo del régimen lo que le haría ir recuperando una apertura y aceptación internacional, especialmente por parte de Gran Bretaña y EEUU y sobre todo a partir del Concordato de 1953.Según la Asamblea General de la ONU, el Consejo de Europa y el Parlamento europeo, el régimen de Franco, sería un sistema fascista, organizado e implantado en gran medida por la ayuda de la Alemania nazi y de la Italia fascista.

La naturaleza del franquismo va a venir marcada desde su origen por las distintas familias que apoyaron el levantamiento militar aunque conservando, eso sí, el carácter militar de quienes le llevaron a cabo. 
Sería el General Francisco Franco, el que se encargaría de arbitrar entre las distintas derechas que aglutinaba la dictadura, siempre con los militares en situación privilegiada. En un primer momento, va a ser el falangismo el que va a influir de forma importante en el régimen gracias al predominio del nazismo y el fascismo en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial y a la decisiva ayuda recibida por ellos durante la Guerra Civil. El régimen cambiaría su imagen externa, escondiendo la parte más dura del falangismo cuando termine la guerra y la victoria sea para los aliados y las democracias occidentales contra el fascismo. Ahora se intentaría dar una imagen católica del régimen y mostrar sus aspectos anticomunistas ya que rápidamente se impondrá la Guerra Fría contra el antiguo aliado Stalin y la URSS.

El máximo representante del intento de fascistización del régimen fue Serrano Súñer, dirigente del partido y Ministro de Gobernación y de Exteriores, especialmente en 1940 y hasta 1942 en el que comienza el viraje del régimen con la destitución de Serrano Súñer y el enmascaramiento de la ideología fascista debido a los progresos de los aliados en la II Guerra Mundial. En Francia, en el verano de 1942 se constituyó Unión Nacional Española (UNE) dirigida y formada por comunistas que actuaría en el sur de Francia, enviaría cuadros de mando clandestinos a España para organizar una insurrección nacional y formaron guerrillas, llegando a invadir con tres mil guerrilleros el Valle de Arán en 1944.

De todos modos, los éxitos hay que tomarlos con moderación, tanto EEUU como Reino Unido se desentendieron  de la causa republicana española y Churchill fue más allá sintiéndose comprensivo con la dictadura franquista, aunque el jarro de agua fría para quienes aspiraban a la destrucción de la dictadura, llegaría en 1950 con la retirada de la resolución condenatoria a la España de Franco por parte de la ONU y la vuelta de los embajadores y restablecimiento de las relaciones internacionales debido, principalmente al cambio político internacional y la aparición de dos bloques militares y de la guerra fría en la que Franco podía ser un aliado provechoso debido a su marcado anticomunismo pero sobre todo, por la situación geoestratégica de nuestro país. Evidentemente, si hacemos un recorrido a lo largo de la dictadura, la política interior, vendría marcada en una alto grado por la política internacional y eso mismo es lo que irá marcando los cambios en la evolución del régimen franquista. Me parece, muy importante y en un momento crítico, la propuesta antisoviética que hizo Franco a Churchill en 1944 cuando el fin de la guerra estaba cerca y un nuevo orden internacional se estaba constituyendo. Sería un largo trabajo diplomático que culminaría a inicios de los años 50 cuando se levantó la condena internacional al franquismo y volvieron a establecerse relaciones diplomáticas, se concretaría en el primer tratado internacional, el Concordato con la Santa Sede en 1953 y los primeros acuerdos con EEUU y culminando con su aceptación en la ONU en 1955.

Hasta el fin del ostracismo que se impondrá en la década de los cincuenta las relaciones con los diversos países europeos serán muy frías y distantes, excepto con la dictadura salazarista de Portugal. Francia había cerrado la frontera y apoyaba decididamente a las instituciones republicanas en el exilio, con Gran Bretaña existían tensiones con respecto a Gibraltar y con Alemania continuaba el bloqueo de bienes decretado por los aliados en 1945. Además, Salazar, aún teniendo cordiales relaciones con la dictadura franquista y compartir con esta la forma de gobierno mientras en el resto de Europa era el “amanecer” democrático, sus políticas eran bien distintas. Portugal iba a mantener sus buenas relaciones con Gran Bretaña.

Con respecto a las relaciones con los países árabes fueron bastante fructíferas. Sería Martín Artajo, ministro de exteriores, el encargado de llevar a cabo esta política de acercamiento al mundo árabe que tendría una buena aceptación por parte de estos en general, aunque la independencia de Marruecos en 1956 y las disputas con Francia llevarían a una relación tensa con Muhammad V por cuestiones territoriales. En base a este último aspecto, hay que tener en cuenta que Franco era un militar africanista. Estas buenas relaciones hay que tomarlas con precaución. Es cierto que en un primer momento, fueron esos países árabes los que primero aceptaron la España de Franco, su retórica antiliberal y anticomunista, y fueron ellos los que primero rompieron la imposición de la ONU de no enviar diplomáticos a España, habiendo votado también en contra de la condena de la ONU al régimen franquista.

De todos modos, la utilidad de las relaciones con los países árabes fue momentánea, durante los momentos más duros del ostracismo español ya que España, rápidamente buscó y encontró con el primer conflicto grave de la Guerra Fría, la guerra de Corea, un aliado más poderoso, EEUU, lo que dificultaría y enrarecería las relaciones con los países árabes. Es cierto que en la Guerra de los Seis Días, España apoyó a la Liga Árabe contra Israel a la vez que la cuestión de Marruecos era apoyada por EEUU en contra de los intereses españoles.





jueves, 6 de julio de 2017

Resumen de las relaciones hispano-norteamericanas entre 1953 y 1975.



El tratado de 1953 con EEUU abrió un periodo de aceptación internacional del régimen franquista que daría fuerza a la implantación de la dictadura y su asimilación a la órbita occidental superando alianzas secundarias con países árabes e hispanoamericanos. Los beneficios para España respondían más a esa aceptación del régimen que a unos intereses económicos favorables que fueron muy limitados frente a las concesiones españolas de instalaciones y bases militares sobre territorio español. Aunque esa ratificación del régimen se viera totalmente complacida con la visita en 1959 del presidente de EEUU Eisenhover muy rápido se comenzaron a ver claramente las deficiencias del tratado de 1953 ya que nuestro aliado no estaba dispuesto a hacer grandes concesiones económicas ni a fortalecer el ejército franquista.

Tras el relativo favorable tratado hispano-nortemericano para España, la renovación puso en cuestión la diplomacia y la debilidad negociadora del régimen franquista, intentando continuamente no chocar con los intereses de EEUU, lo que dio lugar a la firma de un nuevo tratado desfavorable para nuestro país en 1963. A su vez, se demostró la imposibilidad de llevar a cabo una beneficiosa negociación ocasionando una gran frustración en amplios sectores del franquismo. Así, a Castiella (nacido en EEUU y antiliberal) se le encomendó la complicada misión de mejorar ese tratado una década después y una vez asumidas las carencias del anterior y en vista de la nueva situación internacional de nuestro país. La negociación finalmente fue decepcionante, EEUU pretendió desde el principio hacer las menores concesiones posibles para mantener sus bases y desde España empezaba a haber mayores expectativas. Las autoridades militares creían que EEUU estaba obligado a modernizar al ejército español, como siempre, profundamente atrasado en medios técnicos y a socorrer a España en su debilitada situación económica.

Por todo ello, Castiella había empezado las negociaciones desde 1957 planteando incluso el ingreso de España en la OTAN cosa que resultaba bastante improbable debido a la naturaleza del régimen franquista. La independencia de Marruecos en 1956 vino a enturbiar más aún esta relación con EEUU debido al apoyo que estos darán a Marruecos. De hecho, incluso las dudas en EEUU con respecto al régimen de Franco llegaban a plantearse el apoyo a la oposición franquista, otro de los motivos de la debilidad de la diplomacia del régimen. Con la visita de Eisenhower a España parecían verse solucionadas todas esas dudas y terminaría la presidencia en esas buenas relaciones.

El temor a un cambio de orientación en la política norteamericana y una nueva actitud belicosa hacia el régimen seguía siendo una realidad que aumentaría con el triunfo de los demócratas y el acceso a la presidencia de Kennedy que a su vez había creado expectativas a la oposición franquista en el exilio. Sin embargo, la posición geoestratégica de España y las bases militares eran de gran valor para EEUU y rápidamente la administración Kennedy se apresuró a tranquilizar al régimen franquista. De todos modos, la desconfianza hacia EEUU se pondría de manifiesto en la campaña de los medios de comunicación con un antiamericanismo marcado. Dentro de ese ambiente, las concesiones a España iban a reducirse agravando considerablemente las expectativas de Castiella con respecto a la renovación del tratado en 1963 y así se le hizo saber a Franco. A su vez, también se reconoce la necesidad por parte de Washington de las bases militares y de ahí la capacidad negociadora de España, aunque este argumento sería muy limitado.

Finalmente, la ratificación del tratado en 1963 sería vendida en el interior como algo favorable aunque no podía encontrarse más alejado de la realidad. La naturaleza del primer pacto no se había modificado y  el desequilibrio continuó siendo favorable a EEUU con una ayuda militar a España muy inferior a las expectativas y un tratamiento al régimen bastante lejano a la consideración hacia los miembros de la OTAN.

Meses después de la ratificación, en enero de 1964 se inició una crisis ante la inminente suspensión de la ayuda económica de EEUU y por la negativa española de cumplir el embargo comercial a Cuba. Aún así, las relaciones fueron mejorando y EEUU presionó para que España fuera aceptada en los organismos internacionales, especialmente en la CEE y por las bases españolas fueron pasando buques, aviones y soldados de la OTAN e incluso se realizaron prácticas militares en el sur de España.

Hasta 1968 fue un periodo de tranquilidad en las relaciones diplomáticas con EEUU y la administración Johnson .

Un último periodo en estas relaciones diplomáticas se abrirá en 1969, mientras que en España estaban divididos algunos dirigentes franquista como Fraga con los antiguos militares por esa relación con EEUU, su implicación en Asia, con Israel o Marruecos.

Con la nueva administración Nixon. EEUU tenía cierta urgencia en concretar los acuerdos con España. Franco, Carrero y la cúpula militar parecían en sintonía con EEUU y en eso basaba su confianza este país, mientras que Castiella sufría por llegar a un acuerdo favorable que no resultase de sumisión a EEUU. Estos a su vez enviaban documentos que debían ser firmados por la diplomacia española sin tiempo alguno de estudio y reflexión. Finalmente, la ayuda militar propuesta, seguía siendo escasa y las concesiones que se daban al país norteamericano excesivas. España debía aceptar el proyecto COLOSSUS que consistía en un sistema acústico para el control del estrecho de Gibraltar y además se desentendían de la ayuda a España en caso de agresión de Argelia, y especialmente de Marruecos. EEUU no intervendría en ayuda de nuestro país. Además, la ayuda económica era de 175 millones, no negociable. La oferta fue rechazada finalmente por el Ministerio y se pidió una ampliación de tiempo para las negociaciones. Castiella no quería ser un “país satélite” de EEUU. En esa situación, los militares, encabezados por Franco, si que eran favorables a los acuerdos y a la sumisión.

Finalmente, Franco autorizó a Castilla, y éste, fue capaz de conseguir temporalmente unas condiciones más favorables para España. Se trataba de un acuerdo que posponía la firma de un nuevo tratado hasta septiembre de 1970, una ayuda de 50 millones y 35 en créditos y la condición de que después de esa fecha, las bases norteamericanas en nuestro país pasarían a ser plenamente españolas. Castiella no quería permitir estas bases más allá de 1970. La política de firmeza con EEUU estaba ofreciendo resultados, favorecido además por el entorno internacional en el que España pasa a tener un tratado preferencial con la CEE. Además, el golpe de estado de Gadaffi y la desaparición de las bases americanas en Libia dieron un valor más a las negociaciones españolas.

Tras el escándalo MATESA, Carrero Blanco logrará el relevo en el Ministerio de Exteriores, poniendo al frente a López Rodó que no supo defender los avances realizados por el equipo de Castiella, resultando en las negociaciones de 1975 la parte militar la que defendiese la postura del anterior ministro de exteriores. Dichos objetivos no se conseguirán hasta el periodo de la Transición.

Autor: José Luis Romero Carretero.







lunes, 6 de marzo de 2017

Reseña del libro: “La guerra después de la guerra” de Melvyn P. Leffler.




Portada
ÍNDICE:


1.-Ficha bibliográfica.

2.- Introducción.

3.- Análisis y contenido de la obra.

4.- Juicio crítico y conclusiones.





1.-Ficha bibliográfica:

Autor: Melvyn P. Leffler.

Título: “La guerra después de la guerra”
Título original: For the Soul of Mankind
                         The United States, the Soviet Union, and the Cold War.

Ciudad: Madrid
Editorial: Crítica
Año: 2008
Páginas: 773



2.- Introducción

El tema principal del libro es el periodo de Guerra Fría que tiene su origen tras la Segunda Guerra Mundial, su evolución durante más de cuatro décadas hasta la caída de la URSS en 1991.

Se trata de un minucioso trabajo de investigación, analítico, basado en los hechos, las decisiones y actuaciones de los principales líderes soviéticos y americanos. Es una obra interpretativa en la que la ideología pretende quedar en un segundo plano, dando prioridad al desarrollo de los procesos resolutivos.

El autor pertenece a la corriente historiográfica  positivista,  de la historia social y de las mentalidades dentro de la historiografía liberal ofreciendo un paso adelante ya que en la actualidad no existe enfrentamiento geoestratégico desde la caída de la URSS en 1991. Desde una pretendida objetividad se puede observar en el fondo la convicción de la superioridad histórico moral del liberalismo y su evolución frente al comunismo.

El libro apela continuamente a los sentimientos de los personajes implicados. Stalin estaba convencido de que el socialismo triunfaría finalmente, aunque no disponía de estrategia alguna para su consecución. Se trata de una sucesión bien estructurada de cinco momentos históricos decisivos, planteando el desarrollo de los hechos y las situaciones a partir de esos sentimientos, mediante diarios, cartas, etc., que demuestran un laborioso trabajo de investigación de los nuevos documentos liberados en EEUU y en Rusia a la vez que una gran obra de divulgación.

Nos encontramos ante una obra que enfrenta dos posiciones y concepciones del mundo radicalmente contrarias y contrapuestas y de ahí su intensa desconfianza y hostilidad, aunque Leffler nos explica a lo largo de sus líneas como todos los líderes de ambas potencias se estremecen ante el poder propio y el del enemigo y no tienen planes concretos de actuación sino que se ven arrollados por los acontecimientos históricos. Cada uno de los personajes pretendía y creía fielmente en la superioridad de su ideología y de su estilo de vida sobre el del contrario y estaban convencidos de que finalmente vencerían. Esa concepción del futuro del mundo la tenían los soviéticos, pensando que finalmente, los pueblos llegarían al comunismo como única forma de vida justa y sin explotación del hombre por el hombre, mientras que los líderes norteamericanos estaban convencidos de la superioridad de las creencias religiosas, la libertad del mercado y la democracia.

El trabajo recoge todo el periodo histórico conocido como Guerra Fría, adentrándose en la psicología de los personajes y sus vidas privadas, Habiendo sido reconocido por la crítica como “obra maestra”. En cualquier caso, se trata de un magnífico libro que trata el tema con suficiente objetividad y está estructurado y escrito de una forma muy comprensible y lógica sin perderse en frivolidades, más allá de esos aspectos psicológicos de los que hace línea investigadora.


3.- Análisis y contenido de la obra.

Como ya dije, la obra se estructura en cinco partes y una sucesión de hechos históricos a través de los personajes más importantes de cada época. Se inicia con Stalin por parte de la URSS y primero Roosveelt y más tarde Truman por parte de EEUU. Se trata del momento más delicado para la Unión Soviética, ya que ha sido ocupada por el ejército nazi durante la Operación Barbarroja desde el verano de 1941, la reacción y el inicio del declive alemán desde diciembre de ese mismo año. El objetivo principal de Stalin no es llevar la revolución más allá de la URSS sino implantar el comunismo en su propia nación y crear un círculo favorable en torno a su territorio para que no volviese a ser invadida con la facilidad que lo había hecho Hitler. Al terminar la guerra, los temores entre Truman y Stalin se acrecientan y sus diplomáticos lo acentúan. Truman, al que califica como un “perdedor” y burócrata gris cree que su país es el elegido por Dios y debe de mantenerse por encima del resto del mundo y al finalizar la guerra como guardián del orden, aunque nunca le hubiesen interesado los asuntos internacionales. La buenas relaciones de Roosvelt y Stalin se van a deteriorar en cierto modo con Truman, especialmente al final de la guerra con el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagashaqui que son tomadas como una demostración de fuerza, unidas a algunas declaraciones del presidente de EEUU que parecía o entendía Stalin que iba en contra de los tratados de paz de Yalta en el que los intereses soviéticos habrían sido satisfechos y fueron denominados por Truman, Telón de Acero. Stalin no estaba dispuesto a que volviese a renacer una Alemania fuerte ya que había causado en su país los mayores daños, tanto humanos como materiales, mientras que Truman debía hacer frente a unos pronósticos electorales negativos. La distinta visión de lo que debería ser Alemania entre las dos potencias era radicalmente distinta. En definitiva, se abría un periodo de tensión entre ambas potencias en el que la URSS va a respetar su compromiso de no intervenir ni ayudar a los partidos comunistas (especialmente en Grecia, ya que Truman creía que tendría un efecto dominó en Europa) de algunos países que habrían sido favorables y no avanzar en los lugares en los que se encontraban sus tropas con el objetivo de no llegar a un nuevo enfrentamiento militar, en este caso contra Gran Bretaña y EEUU. Ante la debilidad británica se pondría en marcha la Doctrina Truman. Ante esta amenaza que sentían los EEUU sobre el afianzamiento de la URSS van a decidir ayudar a la reconstrucción de Europa para mantenerla en la órbita capitalista, teniendo lugar las mayores tensiones con respecto a Alemania. No sólo Stalin, el pueblo alemán seguía teniendo en mente la brutalidad nazi y el peligro que representaba esa recuperación alemana, mientras que desde EEUU se va a iniciar una campaña de “cruzada ideológica” contra el marxismo. Ese miedo parece fuera de lugar a la vista de la documentación existente ya que los planes de la URSS no estaban por la expansión de la revolución en Asia o países del Tercer Mundo y aunque Stalin solo pretendía mantener el comunismo en su propio territorio, los recelos eran fuertes y la campaña anticomunista que se ponía en marcha de proporciones universales. Desde 1948, oficialmente aparece el escenario de guerra fría que marcará las relaciones de ambas potencias hasta la caída de la URSS en 1991. Como dice la profesora de la UNED, Rosa Pardo Sanz en su artículo “Hacía un sistema bipolar”:

Muchas de las nuevas esperanzas que trajo la paz se frustraron pronto a causa de las tensiones entre los socios de la Gran Alianza ganadora de la guerra, en particular entre EEUU y URSS, las superpotencias tras el conflicto.”

La muerte de Stalin en 1953 despertaría la esperanza de unas relaciones alejadas del escenario de guerra fría y es tratado en la obra como capítulo 2 “Una puerta abierta para la paz, 1953-1954: Malenkov y Eisenhower”. Después del periodo de incertidumbre que aconteció durante los momentos previos a su muerte y especialmente después de muerto que parecía que todo iba a terminar y la revolución se acabaría. De todas formas, los herederos de Stalin acordaron que fuese Malenkov el nuevo líder de un gobierno colectivo. Inmediatamente se apresuraron a dar un aspecto más humano al comunismo para que sirviese al pueblo y sacar de las cárceles a presos políticos además de enfrentarse a la grave crisis económica. Según lo que nos cuenta Leffler, los líderes comunistas sabrían cuáles eran los problemas y parecían dilucidar las soluciones, además de pregonar la paz y una política internacional de cooperación, especialmente con los países de la órbita comunista.

Solo un año antes del fallecimiento de Stalin había sido elegido presidente de los EEUU el general Eisenhower. Como de todos los personajes, el autor realiza una descripción psicológica de la personalidad y la evolución de Ike, procedente también de zonas rurales como Truman, se distinguía de este, sin embargo en que su formación fue militar, religiosa y republicana. Precisamente su prestigio militar en la II Guerra Mundial, además de la promesa de abandonar la guerra de Corea y profundizar en la Guerra Fría fue el que le llevaría a la presidencia de los EEUU.

Eisenhower creía que su país estaba obligado a defender su estilo de vida por encima de todas las cosas, lo que inevitablemente le conducía a un enfrentamiento directo con la Unión Soviética y su estilo de vida, aunque por otra parte, también creía que Malenkov era una persona razonable, aunque veía la oportunidad de aprovechar la muerte de Stalin, aunque el Departamento de Estado pensaba que esa posición tan agresiva de EEUU afianzaría el régimen de Moscú. Lo que estaba claro es que no existía un plan. El nuevo gobierno americano creía que la anterior administración gastaba excesivamente en Defensa y se centrarían en el aspecto económico que a su vez daría a EEUU la fuerza militar.

En cualquier caso, también deja claro el momento histórico preciso y la tensión que aparece en torno a Europa, los países satélites de la Unión Soviética y especialmente Alemania. EEUU, no sabía que estrategia seguir.

Bajo Jruschov, sería cuando tuvieran lugar la crisis de los misiles en 1962 y la construcción del muro de Berlín en 1961 y la misma ruptura de relaciones con China, sin embargo, las conclusiones de Leffler le llevan a afirmar que la URSS pretendía la coexistencia pacífica con Kennedy. Esta sería la época de la nuclearización de la que el presidente de USA sería partidario de las inspecciones y de la relajación nuclear, mientras que la Unión Soviética avanzaba en los países del tercer mundo y Jruschov confiaba en el socialismo y su afianzamiento. Jruschov era partidario de prohibir los ensayos militares pero no estaba de acuerdo con las inspecciones. Leffler deja entrever que Kennedy habría traicionado la buena voluntad soviética con respecto a estos ensayos nucleares. Efectivamente, la desconfianza de Kennedy, como de los anteriores presidentes norteamericanos con respecto a la buena voluntad de la URSS eran evidentes. Peculiarmente, según las cartas que maneja el autor y que se enviaron ambos líderes, parece evidente que todos querían la paz. También es verdad que existen distintos tipos de paz y cada cual podría entenderla a su manera sin estar dispuestos a ceder en aspecto alguno.

En cualquier caso, la intención de Kennedy era acabar con la Guerra Fría y llegar a una paz real, meditada y en conciencia. Desde Moscú, la idea era la misma, aunque los problemas que había que superar eran grandes, la voluntad de ambos líderes parecía en la buena dirección. Según Jruschov si a Kennedy no lo hubieran asesinado en su propio país en noviembre de 1963 el desarrollo de la historia hubiera sido muy distinto. Todo terminó cuando accedió al poder el nuevo presidente Johnson, aunque Jruschov intentó empezar las negociaciones nuevamente desde el principio y buscaba con insistencia esa aproximación en las cartas enviadas al nuevo presidente de los EEUU. De todas formas, un año después del todavía a día de hoy no esclarecido asesinato de Kennedy, Jruschov fue destituido y sustituido por Brezhnev, mientras que el problema mayor con el que se encontraba EEUU era su interminable e impopular guerra de Vietnam, que destruía las buenas intenciones de Johnson con respecto a la ayuda a los pobres, minorías, etc., dentro de su propio país.

Brezhnev era partidario de la distensión por dos motivos, el fortalecer la economía y el nivel de vida de los soviéticos y para rearmarse y continuar con la carrera de armamentos., ya que desde su punto de vista, el equilibrio de fuerzas era la única forma de paz. El tratado de Helsinki con Ford había sido su mayor victoria pero era visto con mucha desconfianza desde EEUU. En 1976 ganaba las elecciones Carter, en plena crisis económica mundial empeorando mucho las relaciones con la Unión Soviética. La política de intervención en países de África y Asia por parte de la URSS no ayudaban a mantener la distensión. En especial, son tratadas con mayor atención las crisis de Irán y Afganistán que tanta trascendencia mantendrán hasta la actualidad con respecto a la aparición del radicalismo islámico y la yiha. También trata el autor con mucho interés el tratado de Viena, aunque en la realidad no contenía un fondo real. En este caso, Leffler culpabiliza a Brezhnev de traicionar el pacto de distensión, especialmente en Oriente Próximo, aunque la realidad sigue siendo la misma, fue imposible, no por los episodios concretos sino por una cuestión de ideología y mantenimiento y defensa de una forma de vida.

La última parte del libro es a la que se presta mayor interés ya que ofrece el desenlace, el fin de la Guerra Fría llevada a cabo por Gorbachov y Reagan, determinándose el final de la URSS ya en época de Bush padre. Nos cuenta los últimos momentos de Brezhnev y los fallidos sucesores en un momento de tensión extrema, mientras que el nuevo presidente de los EEUU, Ronald Reagan que como sus antecesores, creía en la superioridad moral de su país, el anticomunismo característico, etc., pero que además iniciaba una nueva etapa dentro de su país y en todo el mundo anglosajón, el neoliberalismo, junto a Margaret Thatcher que consistía en un agresivo liberalismo. La política de Reagan consistió en fortalecer la economía de su país y crear una política internacional agresiva. De ahí su idea de defensa estratégica, “La Guerra de las Galaxias”. Era partidario del diálogo pero desde la superioridad militar, económica y moral. Pretendía la paz, pero desde su perspectiva vencedora. Va a ser en su segunda legislatura, al año siguiente de su reelección cuando a la muerte de Chernenco, llegará al poder Mijail Gorbachov, un hombre que conocedor de los defectos del sistema, proponía un cambio y una evolución para mejorar ese propio sistema. Como hizo saber  a Reagan en Moscú, no pretendía tampoco enfrentarse a EEUU y era partidario de que cada cual arreglase sus propios asuntos domésticos.

Reagan no temía al comunismo y estaba dispuesto a enfrentarse a él si era necesario, pero conocía la  debilidad de su enemigo en ese momento que tenía unas grietas considerables, sabía que era el momento histórico que había estado esperando y para el que se había trabajado desde EEUU. La URSS mostraba una notable debilidad estructural que se apreciaba desde las dificultades militares tanto en Afganistán, como con los países satélites (que podo después realizarán cambios pacíficos sin intervención soviética) y las propias incoherencias internas. Gorbachov también era consciente de sus limitaciones, lo que llevó al entendimiento entre ambos líderes.

Las relaciones personales e incluso familiares entre ambos líderes parecían ser muy buenas y se reunieron en varias ocasiones con sus propias esposas. De estas relaciones van a surgir resultados concretos y pasos que dará con relación al final de la Guerra Fría por parte de Gorbachov, mientras que Bush parece aprovecharse de semejante oportunidad.

Las exigencias de George Bush se vieron reflejadas en el plan de reestructuración o Perestroika, presentado en 1986 por Gorbachov y que estaba orientado a mejorar la vida económica y social dentro de la propia URSS pero para ello estaba obligado a reducir el gasto militar que era lo que pretendía EEUU.

La actitud de EEUU siguió siendo la de acoso propagandístico contra la URSS, facilitado por el accidente nuclear de Chernobil,

Finalmente, Gorbachov intensificó los cambios iniciados, según una entrevista actual para el diario digital BBC Mundo de 25 de diciembre de 2016, era solo para mejorar el propio comunismo y finalmente se daría un golpe de estado, pero Gorbachov pidió la retirada de los misiles de corto y medio alcance que tendría gran repercusión y a la vez, comenzó a retirar sus tropas de Afganistán mientras que los EEUU prestaban ayuda a los muyahidines (lo que también ha traído consecuencias hasta la actualidad). A la reducción de armamento y a la retirada de tropas les dedica una atención especial en el libro.

El verdadero problema para la URSS era que EEUU no iba a estar satisfecho hasta no ver la destrucción de la Unión Soviética, de su estructura militar y una clara identificación política con el capitalismo bajo la dirección de EEUU.

El 21 de diciembre de 1991 se disolvió finalmente la URSS. La trayectoria de la Perestroika y las buenas intenciones de Gorbachov habían sido traicionadas, aunque Leffler concluye en un final inevitable. Gorbachov dice que hubo traición a sus espaldas, quizá fuera demasiado lejos en la confianza con Bush que había logrado su objetivo ampliamente.

La Guerra Fría había llegado a su fin, como dice Leffler pero también había sucumbido la URSS en un proceso de reestructuración, finalizó aceptando el mercado libre, la democracia y la superioridad del sistema capitalista



4.- Juicio crítico y conclusiones.

El trabajo de documentación e investigación que hace Leffler es realmente muy detallado y ha sido felicitado por ello por la crítica y por muchos historiadores. Sin embargo, el enfoque elegido para explicar este largo periodo de Guerra Fría, desde una perspectiva psicológica teniendo en cuenta los escritos y la personalidad de los personajes responsables de la historia, me parece también un tanto subjetiva, ya que no consigue centrarse en los hechos concretos y no les da la importancia que tiene cada una de las acciones, no para juzgarlas sino para interpretar el verdadero alcance de cada uno de los hechos acontecidos.

El trabajo no tiene en cuenta aspectos políticos y relaciones internacionales anteriores a la propia existencia de la URSS, no valora ni tiene en cuenta la política internacional seguida por la Rusia zarista durante siglos.

Justifica el inicio de esta Guerra Fría por razones ideológicas y de concepción del mundo radicalmente enfrentadas, aunque para eliminar al enemigo común durante la Segunda Guerra Mundial hubiesen sido aliados e incluso hubiera habido buenas relaciones diplomáticas y personales. Leffler saca como conclusión que todos los líderes soviéticos y americanos se ven obligados a llevar a cabo las actuaciones que realizan por las circunstancias históricas y no por decisiones completamente analizadas. A su vez, debían actuar como indican los poderes internos de cada potencia, tanto públicos, como privados, en el caso de EEUU y teniendo en cuenta la opinión general de ambas sociedades, en el caso de los americanos, especialmente mirando a las urnas.

Por otra parte, la biografía que hace de todos los personajes con anterioridad a la ocupación de los cargos de responsabilidad con la pretensión de explicar hasta cierto punto sus decisiones y actuaciones posteriores no me parece tampoco una línea objetiva de investigación histórica, habida cuenta de la propia evolución personal de los mismos personajes, las circunstancias concretas de cada momento histórico y el hecho de que por mucho poder que tengan estos personajes, especialmente en el caso de Stalin, siempre están sometidos a los intereses de grupos de presión, instituciones e incluso la opinión pública.

Los líderes de ambas potencias fueron incapaces de centrarse, una  vez terminada la II Guerra Mundial en sus respectivos países, en las necesidades de sus pueblos y en la economía, especialmente en el caso de la URRS, que a su vez la propaganda mantenía estar al servicio del pueblo. Lo que hicieron, fue exactamente lo contrario durante todo el periodo y Leffler, erróneamente, descarga de esa culpabilidad a los máximos responsables de esos países, como si en sus decisiones existiera una fuerza superior que les obligase a ello, cuando en el fondo, lo único que defendían, con mayor o menor determinación, era un estilo de vida, al que en este caso si que hace referencia el autor desde las primeras líneas.

La Unión Soviética tenía unos planteamientos bastante simples con respecto a la situación internacional que se basaban en controlar y contrarrestar el poder militar de EEUU y en la propia defensa de su territorio. Por otra parte, la obsesión de sus líderes y del propio pueblo con Alemania por el daño causado lo convertía también en otra de sus prioridades, la lucha porque Alemania no volviese a ser una gran potencia. La política exterior seguida por la URSS va a estar sometida a esos factores, el enfrentamiento con China y las guerras en numerosos países en vías de desarrollo. Para ello, debían dominar un cinturón de protección para la propia Unión Soviética creando países satélites dentro de la órbita soviética.

En el polo opuesto estaban los EEUU, inmersos de igual forma, según Leffler, en la defensa de su superior estilo de vida y “obligados” a actuar allí dónde el enemigo atacaba o amenazaba.

En resumidas cuentas, ambas potencias buscaban un equilibrio de poder geoestratégico y en ningún caso un enfrentamiento armado que hubiera resultado catastrófico para toda la humanidad.

La excepcionalidad que concede tanto a Reagan como a Gorbachov va mucho más allá de las consideraciones que tienen la mayoría de autores sobre esos personajes, haciendo una valoración exhaustiva tanto de su personalidad, formación, ideología, inteligencia, etc., lo cierto es que, como se suele decir, “estaban en el lugar apropiado en el momento preciso”. No tiene en cuenta, que con la caída de la URSS, se acaba la Revolución, se termina con un momento de equilibrio geopolítico surgido tras la II Guerra Mundial y con una tradición en política internacional de equilibrio entre varias potencias para garantizar la paz.

Sin embargo, el factor de movimiento y la descripción de cada uno de los dos mundos en liza lo realiza a la perfección, plasmando exactamente lo que representa cada uno de esos mundos y por lo que estaban dispuestos a combatir hasta el final.

Desde mi punto de vista, teniendo en cuenta que la buena voluntad de Gorbachov es evidente tanto en la negación de política expansiva internacional y la necesidad de reestructuración política de su país.

Las conclusiones de Leffler apuntan en la dirección de un final feliz una vez desmantelada la URSS, porque así acaba el mayor problema mundial después de la II Guerra Mundial. Sin embargo, siendo ciertas esas conclusiones, no es menos cierto que se trata de una victoria sin ningún tipo de paliativos no sólo para un modelo de vida, sino también para una gran potencia militar y económica que queda como único referente y como país que dirige al resto del mundo sin ser puestas en entredicho sus mandatos, relaciones, etc.


Tampoco verán freno o contestación las políticas más radicales aparecidas precisamente durante la década de los ochenta del pasado siglo, triunfando el capitalismo más agresivo, la aparición del neoliberalismo como única forma económica de gobierno, entrando en crisis, no solo los partidos comunistas sino también la socialdemocracia.

José Luis Romero Carretero.