domingo, 21 de febrero de 2016

Recensión: VIOLENCIA ROJA Y AZUL

VIOLENCIA ROJA Y AZUL

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Ficha bibliográfica:
Autores: Francisco Espinosa Maestre (coordinador), José María García Márquez, Pablo Gil Vico y José Luis Ledesma.
Título: “Violencia Roja y Azul” España, 1936-1950.
Ciudad: Madrid
Editorial: Crítica
Año: 2010
Páginas: 485

El coordinador del libro, Francisco Espinosa Maestre, es doctor en Historia Contemporánea y profesor en la Universidad de Sevilla. Su obra está centrada en la memoria histórica, Segunda República Española, Guerra Civil, represión y dictadura franquista y especialmente sobre las zonas de Andalucía y Extremadura.

Su compromiso con la realidad histórica le ha hecho formar parte de diversas asociaciones para la recuperación de la memoria histórica y ser muy crítico con el revisionismo creado por la derecha española.

El autor de la segunda parte del libro: “El triunfo del golpe militar: el terror en la zona ocupada”,  José Maria García Márquez ha catalogado los fondos judiciales militares relativos a Sevilla y Huelva del Archivo del Tribunal Militar Territorial Segundo. Cabe destacar entre sus obras La represión militar en La Puebla de Cazalla, 1936-1943 (2007), La UGT de Sevilla. Golpe militar, resistencia y represión, 1936-1950 (2008), Trabajadores andaluces muertos y desaparecidos en el Ejército Republicano (2009) y coautor de “La desinfección del solar patrio. La represión judicial militar en Huelva (1936-1945)”, publicado en la obra coordinada por Mirta Núñez Díaz-Balart La gran represión (2009).

Una retaguardia al rojo. Las violencias en la zona republicana” es la tercera parte del libro y está escrita por el profesor universitario José Luis Ledesma en el Departamento de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Universidad Complutense de Madrid. Sus campos de investigación son la violencia política; violencia y justicia; historia de la guerra; historia de la guerra moderna; guerras civiles; II República española (1931-1936); Guerra Civil española, 1936-1939; anarcosindicalismo; anticlericalismo.

Pablo Gil Vico es el autor de la cuarta parte del libro. Es técnico archivero del Consejo General del Poder Judicial y doctor en Historia Contemporánea. Es autor de varios artículos y del libro La noche de los generales: militares y represión en el régimen de Franco (2004). Actualmente investiga el orden público durante la Segunda República a través de fuentes procesales.

Los cuatro autores tienen una línea de investigación comprometida con la restauración de la “memoria histórica” y con la búsqueda de todo tipo de fuentes que puedan ayudar al estudio de la Segunda República Española, la guerra civil y el franquismo. Además, en el caso de Espinosa ha tenido fuertes enfrentamientos con algunos de los revisionistas como Pío Moa.

El libro está dividido en cuatro partes claramente diferenciadas y realizado por cuatro autores distintos, bajo la coordinación de Francisco Espinosa Maestre y mantiene una línea de argumentación y una labor de investigación totalmente impecables.

La primera de ellas hace una introducción al tema, enfrentándose a la memoria y a la historia desde una perspectiva crítica tanto contra las instituciones, partidos políticos, sociólogos, filósofos e historiadores y en último término a una sociedad en general que llega a la democracia con una carencia de conocimiento de una época bastante marcada.

Espinosa comienza el libro haciendo una exposición del origen de la memoria en la Transición, cuando a nivel historiográfico existía una gran escasez de trabajos de investigación sobre el periodo republicano y de la guerra civil, mientras que lo único que existía seguía siendo la propaganda del franquismo. Para explicar la tesis del olvido, utiliza como inicio al general Salas Larrazábal y su estudio sobre la represión durante la guerra civil española. El general, en estos primeros momentos de la Transición,  para mantener la amnesia general y que el franquismo sociológico siguiese siendo respetado utilizó la fórmula de aumentar el número de represaliados en el bando sublevado más allá de lo que la propaganda franquista había reconocido nunca y a la vez mantenía la cifra de asesinados por el “terror rojo” más elevada que la de sus rivales.

En esta primera parte se hace referencia a los trabajos que van apareciendo sobre el tema y que van arrojando luz a un periodo histórico que parecía estar vedado a los investigadores. Los trabajos irían aumentando desde los primeros noventa hasta la actualidad, dejando en evidencia las tesis franquistas, además del

Aunque difícil, la investigación ha sido posible gracias a concienzudos historiadores y a la determinación de muchas personas anónimas dispuestas a defender la memoria.
Durante la transición, Salas Larrazábal simplemente venía a confirmar lo que los políticos habían consensuado. De esta manera se hizo muy difícil investigar este pasado reciente en España y diferir de la postura oficial. Los archivos que durante la dictadura habían sido de uso exclusivo de historiadores militares, a partir de la llegada de la democracia no mejoraría mucho la situación.
La Ley de Patrimonio Documental de 1985, es claramente insuficiente y defectuosa y a nadie parece importarle que se estén perdiendo documentos básicos para explicar nuestra Historia, ya sea por acción u omisión.

En este contexto, las universidades tampoco estaban interesadas en promover trabajos de investigación en este sentido, cuando no eran incluso, contrarias y beligerantes hacia ellos.
Aún así, el número de publicaciones iba en aumento y el conocimiento de este periodo se iba esclareciendo mucho, pese a todo tipo de trabas.

Estas publicaciones sitúan las cifras de la represión franquista en una posición mucho más cercana a la realidad, salvando las innumerables trabas con las que se encontraban, trabajos generales sobre la represión y sobre todo locales y regionales que no sólo aumentan considerablemente las cifras ya corregidas al alza de Salas Larrazábal, sino que alcanzan cifras superiores a las 150.000 ejecuciones producidas por el “terror blanco”, y nos ofrecen una visión mucho más pormenorizada de los sucesos acaecidos.

Una vez emprendidos los primeros trabajos y nuevos datos, habrá que luchar también contra historiadores anclados en las ideas o demasiado atados a ellas y los nuevos revisionistas. En ese contexto aparecerá como una bomba el estallido de la “memoria histórica” en forma de asociaciones que buscan reparar nuestro pasado, unidas a esos nuevos historiadores que luchan por dar a conocer sus avances en investigaciones, universidades, etc., hasta incluso el PSOE comienza un nuevo periodo en el que parece darse cuenta, tras la mayoría absoluta del PP en el Parlamento, de que este partido anclaba sus raíces en el franquismo y por ello podía ser atacado para mejorar los resultados electorales y la imagen del PSOE.

Todos estos hechos parecieron haber llegado demasiado lejos cuando el juez Baltasar Garzón abre una investigación judicial en 2008 para identificar el número de personas enterradas en fosas comunes como consecuencia del genocidio al que se acusaba a Franco y sus generales, así como exterminio y crímenes contra la humanidad. Al PSOE, el tema ya le había dado el rédito político suficiente para ganar las elecciones y su compromiso, ahora, con la Ley de Memoria Histórica llegaba muy descafeinada, pero lo de Garzón no sólo ofendió a toda la derecha española sino también a los dirigentes socialistas que presenciaron aliviados la caída profesional de este juez, atacado ferozmente desde distintos ámbitos, pero muy especialmente por la derecha, desde el PP al Frente Nacional, asociaciones e incluso compañeros y sindicatos fascistas, e incluso Falange Española.

En la segunda parte del libro, José María García Márquez, realiza un detallado análisis de lo que fue el “terror blanco”. Para empezar, se hace referencia a la falta de fuentes que permitan documentar de forma sencilla las ejecuciones realizadas en la zona sublevada, especialmente las muertes realizadas sin entrar tan siquiera dentro del terror de la “justicia militar”. Evidentemente, esta ocultación fue premeditada desde el primer momento y alentada por los dirigentes militares. Sin embargo, García Márquez se adentra en la investigación valiéndose de todo tipo de documentación, en parte, nos cuenta que la procedente de casos de intrigas y envidias entre los mismos franquistas, así nos desvela algunos casos como el del sargento de la guardia civil de Brenes que pudo cometer todo tipo de fechorías y asesinatos pero pasado el primer momento en el que el mando consideraba una necesidad la violencia represiva, además de ser ésta, siempre ordenada y manejada por los superiores, muchos personajes como el sargento Cuevas, que habían sido muy valiosos, ahora eran condenados por abusos sexuales de todo tipo que ofendían al mundo católico al que decían defender. De la misma forma nos cuenta el caso de Castilblanco de los Arroyos y las disputas entre el jefe de falange de ese pueblo y el anterior médico al que señaló como izquierdista, determinándose finalmente que se trataba de un caso en el que el jefe de falange, Fernando Escribano que había asesinado a su tío por un asunto de herencias. De esta manera, se pueden determinar muchos casos de esa violencia represiva de los sublevados, pero como he dicho al principio, se escapa buena parte de esa violencia que fue intencionadamente ocultada, especialmente la relacionada con las mujeres, en muchos casos bajo una anotación que representaba que había sido ejecutado por un “bando de guerra” (X-2).

Esta inmensa labor criminal, además de dejar rastros en documentos, también dejó el país lleno de fosas comunes con miles de cadáveres sin identificar en distintos lugares, muchos de ellos, no investigados aún. Sin embargo, semejante genocidio no puede entenderse sin suponer con acierto que hubo muchos cómplices, personas favorables al levantamiento militar, así como quiénes aprovechaban el momento para prosperar o sencillamente se integraban al nuevo orden establecido y lo hacían de la mejor forma posible, identificando y señalando a las personas conocidas que estaban relacionadas con el régimen republicano, sindicatos, partidos políticos, etc., cientos de confidentes y delatores que traicionaban a sus vecinos y familiares que junto con los asesinos, no han podido ser juzgados y condenados. El motivo principal, la ley de amnistía de 1977 y la traición de los dirigentes de la izquierda española durante la transición que llegaron a la conclusión de olvidar a sus muertos enterrados en fosas comunes a cambio de una democracia dirigida desde el poder desde su nacimiento. De esta forma, tanto los medios de comunicación por su parte, adoctrinando a la sociedad, como el propio miedo que aún tenía esta sociedad a que se diera un nuevo levantamiento militar, hicieron posible que se diera esta amnesia general que como venimos viendo va siendo superada, tanto en multitud de trabajos de investigación, como en la concienciación de la sociedad.
La tercera parte del libro está dedicada a la violencia que se produjo en la zona republicana, esa que quedó bien reflejada y estudiada por los historiadores franquistas y que fue utilizada como propaganda por el régimen. Desde los inicios se enalteció la memoria de los caídos en zona republicana, además de inflar esas cifras por cuestiones puramente propagandísticas. De hecho, durante toda la dictadura e incluso en la actualidad siguen existiendo en numerosos pueblos y ciudades con  monumentos dedicados a la memoria de estos muertos por la violencia roja.

Gil Vico expresa perfectamente lo que debió de ocurrir en los primeros momentos del golpe militar. La sublevación provocó directamente el odio, tanto en los lugares en los que no triunfó y especialmente en los que tuvo que ser derrotada. Así, aunque con falta de noticias, los sublevados habían comenzado con sus crímenes y ese iba a ser el detonante de la aparición de la persecución y muerte de las personas relacionadas con la derecha y que eran favorables a la sublevación militar. Al principio fueron solo unos pocos en algunas ciudades del Sur y Barcelona y Madrid, donde la sublevación había fracasado, pero al cabo de unos días las cifras de asesinatos se habían disparado por toda la zona republicana, siendo la toma del cuartel de la Montaña en Madrid uno de los episodios más violentos y a la vez que parecían abrir un nuevo periodo en el que ya no habría vuelta atrás.

No es nada nuevo decir que existían odios y envidias entre los españoles antes de 1936 pero lo que desató semejante violencia sería el golpe de estado llevado a cabo por los militares sublevados. Ellos fueron los que invitaron a decidir el destino con las armas y llevaron su planteamiento de eliminación del enemigo hasta las últimas consecuencias. En ese contexto de sublevación militar y apoyo de parte de la sociedad civil, parece lógico el brutal resultado. De hecho, en la zona republicana no existen pruebas, más allá de discursos políticos cuyo objetivo era sencillamente político, como las que hay en las filas de los sublevados en los que explícitamente el general Mola programa la eliminación física del enemigo. Este aspecto sería así durante toda la contienda. Las autoridades republicanas harán continuos llamamientos contra la violencia en la zona que dominaban, mientras que los generales responsables del alzamiento ordenaban llevar a cabo la mayor violencia posible para causar el caos y el terror. Aún así, la revolución social y la fractura producida en la zona republicana dio lugar a numerosas organizaciones de cada partido político o sindicato de izquierdas que estaban dispuestos a impartir su propia justicia en diversas “Checas”. En ese contexto se hacía difícil el control por parte de las autoridades republicanas el regular la represión o violencia ejercida en su propio territorio y que sin embargo iría calmando después de los primeros meses de guerra civil, donde fueron especialmente sangrientos los del verano de 1936. Los llamamientos a la compasión y a la cordura comenzaron a ser numerosos en la zona republicana desde Azaña o Prieto hasta sencillos milicianos. Mención especial en este sentido merece el “ángel rojo”, Melchor Rodríguez que se encargaría personalmente de evitar numerosas ejecuciones y sacas e incluso de liberar a presos.

En cualquier caso, el terror rojo, no difirió en sus hábitos y en sus formas demasiado del terror blanco, ambos eran ejercidos sin ningún tipo de defensa posible, hasta que se crearan los tribunales populares que no garantizaban mayor seguridad a los detenidos. La acumulación de presos y las ejecuciones sumarísimas se multiplicaban en todos los lugares dominados por la república y sus desplazamientos eran utilizados frecuentemente para su desaparición. De la misma forma aparecieron grupos de milicianos encargados de la eliminación de simpatizantes del alzamiento en pueblos y ciudades donde los comités locales identificaban a los enemigos y los venidos de fuera los ejecutaban. En esa lógica de limpieza del enemigo que era utilizada por ambos bandos, los municipios que más sufrieron fueron los que pasaban de unas manos a otras hasta quedar instaurados claramente los frentes. Lo mismo ocurría cuando llegaban noticias de matanzas en el lado de los sublevados o bombardeos o toma de ciudades republicanas y también cuando llegaban presos huidos del otro lado y contaban las atrocidades que habían visto.

Por otra parte, la violencia roja tenía unos claros destinatarios que eran los empresarios, propietarios de la tierra y todos los que en algún momento se hubieran decantado favorables a las ideas derechistas y especialmente quienes apoyaron el alzamiento militar. Un capítulo especial habría que dedicar a los religiosos, aunque muchos han sido los trabajos realizados para conocer este aspecto de la violencia roja y sobre todo honrar la memoria cuando no santificar a sus víctimas. La intensidad de la violencia llevada a cabo contra este colectivo solo es posible explicar por el anticlericalismo de una parte de la sociedad y especialmente a la rápida afiliación de la Iglesia Católica con el alzamiento y su apoyo total que acabaría dotando a los sublevados de un carácter cuasi de cruzada.

La violencia republicana alcanzó su cenit en Madrid, a la altura del mes de noviembre una vez llegadas las tropas franquistas a sus puertas y el gobierno partiese hacia Valencia. En ese momento fue la Junta de Defensa la encargada de la defensa de la ciudad y todo indicaba que iba a caer en manos de los franquistas. En ese momento las distintas cárceles de la ciudad estaban abarrotadas de presos, en su mayoría oficiales del ejército que se habían mostrado favorables al levantamiento militar. Lo ocurrido en esos días fue el mayor acto de crueldad ocurrido en la zona republicana y se realizó de forma bien organizada, lo que indica que tuvo que ser gestionado por quienes tenían el poder en estos momentos en la capital y no sólo por Carrillo como responsable  de orden público. Además, la inmensa cantidad de autobuses y camiones utilizados para transportar a los presos hacia Torrejón y Paracuellos para ser ejecutados tampoco podía pasar inadvertida. Lo paradójico del caso es que después de este trágico episodio la legalidad republicana empezó a instaurarse en Madrid a partir del nuevo año, al final del cual las distintas facciones que defendían la república se enfrentaban a muerte, un poco antes que en Aragón y Cataluña dónde iba a aparecer una guerra civil dentro de la guerra civil en la que después de una dura campaña se iba a imponer también la legalidad republicana a partir de mayo de 1937.

Para finalizar, en esta última parte del libro, escrita por Pablo Gil Vico se realiza un detallado análisis de la situación inmediata a la entrada de las tropas franquistas en Madrid y el final de la guerra civil con respecto a la justicia militar aplicada a los vencidos.

Así podemos ver como al terminar la guerra , la represión se disfrazó de justicia, ante la necesaria y acuciante necesidad de legitimar el régimen ante la sociedad y a la vez ofrecer una imagen de dureza con los enemigos y piadosa y comprensiva con los que quisieran formar parte de la “nueva España”. En realidad, se trataba de una venganza dirigida desde el poder que mezclaba la propaganda en los periódicos y emisoras de radio con los consejos de guerra contra procesados (culpables o no), en los que se difundía hasta la saciedad el apresamiento, juicio y condena de los crímenes más aireados de los franquistas, como el asesinato de López Ochoa, la toma del cuartel de La Montaña y sus salvajes asesinatos o el del mismísimo José Antonio.

Esta justicia, los consejos de guerra, etc., formaban parte de la maquinaria política de los sublevados desde el inicio de la guerra, no sólo desde que la ganaron.

El régimen franquista pudo llevar a cabo su labor de sometimiento del enemigo, después de una dura represión y una intensa actividad propagandística. Pero además, la parte más importante fue la actuación de buena parte de la población que contribuyó a la implantación del franquismo y que fue cómplice de la persecución de todos los sospechosos contrarios a la sublevación y también por el consentimiento de las democracias occidentales que no quisieron enrarecer más el ambiente internacional.

Al inicio del alzamiento, las autoridades militares utilizaban para llevar a cabo sus ejecuciones los bandos, dejando de lado la falacia posterior de los tribunales. Durante los primeros meses, ni tan siquiera se tomaron la molestia de dar un aspecto legal a las matanzas cometidas sin ningún tipo de juicio, especialmente en las zonas de Andalucía Occidental y Extremadura por donde iban sometiendo a la población las tropas de regulares y de la Legión en su paso hacia Madrid., hasta la constitución en noviembre del Alto Tribunal de Justicia Militar. En cualquier caso, se trataba de una mezcla de parafernalia judicial, ocultación de datos y ejecuciones sumarísimas encaminadas a la supresión del adversario desde el inicio del alzamiento hasta la etapa posterior a la guerra civil con el inicio del régimen franquista. En un segundo momento, comenzaron los juicios sumarísimos masivos que ofrecieron condenas de una dureza que en nada difería de la arbitrariedad asesina de los primeros meses, se trataba de la generalización de los consejos de guerra.

El conjunto de los trabajos de los cuatro investigadores es finalmente compacto y sigue una misma línea de argumentación, siendo sencilla y ágil su lectura debido a la gran capacidad de los autores de unir su capacidad narrativa y divulgativa de la Historia con un trabajo muy serio de investigación documental y se ajusta perfectamente a los objetivos de nuestra asignatura ya que los autores pretenden ahondar en la represión durante la guerra civil.

Se trata de una obra cuyo objetivo es el descubrimiento de la violencia en la retaguardia durante el periodo de la guerra civil española, en todos sus aspectos. Desde desvelar el origen de esa violencia en cada uno de los dos bandos, sus formas, etc., adentrándose en todo tipo de fuentes que permitan descifrar los crímenes que los sublevados escondieron metódicamente desde el principio.

Es una obra necesaria, aunque no enteramente terminada, por la cantidad de pruebas de la ejecución de esa violencia que fueron destruidas, lo que hace que la investigación sobre el tema deba intensificarse y ahondar en nuevas fuentes. Esa ocultación de pruebas desde el inicio del alzamiento y la posterior destrucción de documentación relacionada con la época hace mucho más complicada la investigación de los historiadores, pero era exactamente la intención de los autores de esa violencia franquista y que han heredado muchos que se consideran parte del franquismo sociológico e incluso otros muchos que no quieren saber absolutamente nada de un pasado tan violento.

Autor: José Luis Romero Carretero.



sábado, 5 de diciembre de 2015

EL DINERO DEL EXILIO

ÍNDICE:
1.- Introducción.
2.- Breve resumen del periodo.
3.- Análisis de la situación.

1.- Introducción.
El reparto y la utilización del dinero republicano sacado de España durante la huida desesperada anta la victoria franquista en la Guerra Civil han sido muy polémicos, haciendo gala los perdedores en la Guerra Civil de la misma desunión que había caracterizado el periodo bélico contra los rebeldes, durante el exilio.
Mientras los miembros del PSOE se enredaban en luchas fraticidas por el poder y por el control de los bienes económicos sacados de España, los cientos de miles de exiliados que abarrotaban los campos de concentración franceses, morían de hambre, frío y afectados por todo tipo de enfermedades.
Mientras estos políticos vivían en el lujo y la suntuosidad, los milicianos y sus familias no disponían de un mínimo de comida y ropas, además, los partidos políticos y sindicatos favorecieron los embarques hacia Suramérica de sus propios afiliados, en contra de anarquistas, comunistas y otros republicanos sin adscripción política. Los beneficiados fueron los socialistas, principalmente, republicanos y nacionalistas catalanes.
Las organizaciones creadas para la ayudad de los exiliados desde el primer momento de la derrota, como la SERE, en teoría estaban destinadas al auxilio y evacuación de los republicanos, como más tarde la JARE, una vez que el SERE adelantó que se había quedado sin fondos.
La JARE sería dominada por la sección de Indalecio Prieto y por los principales partidos, burocratizado con personas cercanas a estos partidos políticos republicanos, etc., con elevados sueldos que contrastaban con la miseria del resto de exiliados.
Una vez terminada la Guerra Civil y reconocido el régimen de Franco por Francia y Gran Bretaña, dimitió el presidente Manuel Azaña y el presidente de las cortes, Martínez Barrio se negó también a asumir la responsabilidad. De esta forma, sería Negrín quien asumiera el poder con el apoyo de parte de su partido y del PCE, respondiendo a esta autoridad y desafiándola Indalecio Prieto.
El final de la JARE llegará con la incautación de los bienes del exilio español por parte del gobierno mejicano en 1942 por sentirse traicionado y engañado por Indalecio Prieto.


2.- Breve resumen del periodo.
Varios eran los tesoros de los que va a disponer la élite republicana en el exilio, por un lado, los bienes embarcados en el Vita, sacados por el gobierno de Negrín y por otro, valores americanos y material aeronáutico adquirido en los últimos momentos de la República.
Estos bienes van a ser la causa del enfrentamiento directo entre los socialistas Negrín e Indalecio Prieto, principalmente porque este último se hizo cargo de esos bienes con la complicidad del gobierno mejicano. A partir de este momento, el liderazgo va a ser de Prieto que niega la existencia de los restos del gobierno republicano y creará un organismo para administrar los bienes transportados por el Vita, así nacía la JARE en julio de 1939 sin representación comunista. La Delegación de la JARE señalaba que su principal misión eran los cientos de miles de refugiados en el sur de Francia.
Por otra parte existieron muchos inconvenientes para hacer dinero efectivo todos esos tesoros perdiendo mucho valor en esta conversión. Tampoco se conoce el valor exacto, calculándose el valor de los bienes del Vita entre los 10 y los 50 millones de dólares, unos 2.000 millones de dólares en material aeronáutico y otros 429.000 dólares en valores iberoamericanos.
De todas formas hay que tener en cuenta los problemas para hacer dinero efectivo a esos bienes, desde los impedimentos internacionales que pone en marcha la dictadura franquista, pasando por los hombres de negocios sin escrúpulos que pretenden aprovecharse de la situación, la II Guerra Mundial, el deterioro físico del material almacenado y la necesidad apremiante de convertirlo en dinero en efectivo, etc.
Finalmente, con los millones obtenidos por los bienes del Vita, los casi 700.000 dólares de material aeronáutico y otros miles por la liquidación de valores, se ponía en marcha la Delegación de la JARE en Méjico.
El destino de estos bienes, como se ha dicho, tuvo un reparto tremendamente injusto, dominado totalmente por Indalecio Prieto, sin realizar inverntario alguno, manejado con total opacidad y sin ofrecer cuentas a nadie.
La Delegación llevó a cabo criterios elitistas en la contratación de su personal y en el reparto de fondos. El contraste entre los más desfavorecidos que vivían en la auténtica miseria y personajes relevantes de la política republicana como Martínez Barrio, José Miaja o la viuda de Azaña que disfrutaban de pensiones entre los 400 y los 680 pesos al mes.
Se atendía a mutilados, viudas, ancianos, etc., con subsidios a los refugiados que llegaban a Méjico. En septiembre de 1941 el balance del primer año en ayudas ascendía a 964.697,70 pesos.
Las pensiones anteriormente citadas y las altas retribuciones a personajes como Álbaro de Albornoz, Oteyza, etc., destacaban ante la falta de la más mínima sensibilidad con el resto de exiliados que recibían una aportación de 100 pesos por una sola vez y especialmente con exiliados en el sur de Francia.
Para la educación de los niños y la atención en comedores se creo el Comité Femenino y para la atención de los enfermos el servicio médico farmacéutico en 1940, además, las autoridades mejicanas pretendían que no se quedasen estos exiliados en la capital para lo que había que asentarlos en el medio rural por lo que se creo el HISME para promover empresas industriales que ayudasen a los exiliados y contribuyesen a mejorar la economía mejicana.
Aunque en teoría la ayuda republicana debía haberse centrado en los exiliados en Francia, la situación de los refugiados españoles en ese país era lamentable por las duras condiciones de vida a las que estaban sometidos. La rápida ocupación de Francia en la II Guerra Mundial agravó la situación al ser prohibidas las agrupaciones de ayuda a los españoles refugiados y la persecución de cargos políticos y militares republicanos para ser deportados a España donde serían juzgados y en su mayoría ejecutados.
A principios de marzo de 1939 había medio millón de refugiados españoles en el sur de Francia mientras que el gobierno mejicano declaraba su intención de acoger a todos estos españoles y facilitarles el pasaje hacia México, para ello contaría además con el apoyo y la ayuda de Cruz Roja.
Sin embargo, la realidad era mucho más cruel que estas declaraciones de buenas intenciones y los medios con que contaba el gobierno mejicano no hacía posible el embarque de semejante cantidad de personas y su alojamiento en el país de acogida. En principio, Prieto, creía que lo mejor sería para conseguir un pasaje facilitárselos a mutilados, enfermos, etc., personas que se encontraran en situaciones precarias mientras que los criterios de la legación mejicana eran profesionales, se debía dar prioridad a los que tuviesen oficios fáciles de integrar en el país de acogida. Estos criterios fueron cambiando, especialmente cuando Francia fue ocupada y los alemanes persiguieron a los responsables políticos y militares republicanos para entregarlos a Franco.
Desde la ocupación nazi de Francia, México se hacía responsable de todos los refugiados españoles, mientras que la Delegación cambia las prioridades para conseguir un embarque, siendo ahora los primeros los que hubieran tenido responsabilidades políticas en los gobiernos republicanos. Este fue uno de los principales puntos de discrepancia entre le gobierno mexicano y la JARE ya que Cárdenas era favorable a embarcar primero a quienes tuvieran oficios fácilmente asimilables en su país. Aún así, la contatación, así como la navegación oceánica fue muy complicado debido a la Segunda Guerra Mundial.
El cambio de gobierno y de personal también planteó dudas, mientras que todo seguía igual, las críticas a la JARE venían sobre todo de la CNT contra la actuación partidista de los embarques. En realidad, la confección de estas listas era alarmante, beneficiando principalmente a socialistas, nacionalistas vascos y catalanes, así como republicanos, discriminando a comunistas y anarquistas.
Hay que tener en cuenta que los embarcados eran minoritarios y la situación en el sur de Francia era penosa. El número total de pasajeros que financió el viaje la JARE, fueron 2.350 personas, además, era responsable de cubrir las primeras necesidades de los refugiados en Francia para lo que contaba con dos castillos, refugios y delegaciones en varias ciudades. El dinero gastado en Francia ascendía a cuatro millones de francos mensuales, cantidad insuficiente a todas luces, teniendo en cuenta además que más de 1.500.000 francos iba a parar a las altas jerarquías de la República y a subvenciones para éstos, así como para el pago de instituciones como el Parlamento de la República y las administraciones vasca y catalana.
El reparto del dinero fue, evidentemente, elitista y favoreció a personas y organizaciones políticas e instituciones que apoyaban al líder socialista Indalecio Prieto.
La JARE también ayudó a personas exiliadas en otros países, aunque eran menos numerosas, así hubo españoles en el Norte de África, en Portugal, aunque era más bien de paso, para viajar a otros lugares porque la dictadura de Salazar devolvía a los españoles a Franco. En Inglaterra, aunque su número era muy bajo, el nivel intelectual de los refugiados en este país era elevado. También había exiliados republicanos en Chile, Venezuela, Argentina, Cuba, Ecuador y en República Dominicana, dónde a pesar de su bajo número presentaron muchos problemas debido principalmente a la pobreza de la isla y al deseo de los españoles de viajar a México.
Después de todos los desmanes producidos en la gestión de Indalecio Prieto, la traición de la que se sintió víctima el gobierno mexicano con la aparición en noviembre de 1942 de fondos en EEUU, provocó la intervención de México y el fin de la Delegación hasta 1945 con la creación del gobierno republicano en el exilio.
La JARE siempre había sido una institución opaca que siempre rechazó toda solicictud de participación. En última instancia, quien controlaba las decisiones, y sobre todo, los fondos de la organización, era el socialista Indalecio Prieto, que en ningún momento estuvo dispuesto a aceptar control alguno, ni a jusrificar los gastos o las actuaciones realizadas en su gestión.
El descubrimiento por parte de Ávila Camacho de un importante capital, 2.300.000 dólares que manejaba la JARE sin su conocimiento provocó la crisis de confianza que llevó a declarar al gobierno mexicano el decreto de noviembre de 1942 en el que ponía fin a la JARE y se hacía responsable directo de todos los exiliados españoles. La posterior investigación de las actuaciones de Prieto y la JARE no pudieron esclarecer los gastos llevados a cabo por esa administración y que a la postre, pertenecían a todos los exiliados españoles. Indalecio Prieto haciendo gala de una gran opacidad en su administración, nunca ridió cuentas de su actuación, ni tampoco la COFARE fue capaz de esclarecer el asunto hasta que volvieran a entregar los bienes en 1945 a Martínez Barrio como presidente de la República y a Giral como presidente del gobierno en el exilio.
La CAFARE entregó todos los bienes administrados en septiembre de 1945, una vez reorganizadas las instituciones republicanas en el exilio, aunque no todos los grupos políticos entendían el porqué de unas instituciones sin un estado que gobernar. Se trataría de unos 12.784.042 pesos. El nuevo gobierno pediría cuentas de la actuación de la JARE y el SERE sin obtener ningún resultado positivo, Prieto seguía justificando la falta de inventario alguno y la opacidad de su siniestra gestión. De hecho, el nuevo gobierno republicano estaba convencido de que Prieto guardaba y atesoraba bienes que nunca declaró. En definitiva, ni Negrín ni Prieto presentaron jamás documento alguno para rendir cuentas de sus respectivas gestiones, lo que viene a confirmar las irregularidades manifiestas. Aún así, Prieto se enfrentaría ahora a Giral y volvería a liderar la vida política del exilio, aunque las críticas y el desprecio de los que se vieron desfavorecidos por su gestión sería importante.
Las conclusiones que pueden extraerse de “El dinero del exilio” son claras y concluyentes. Los cientos de miles de exiliados españoles sufrieron la miseria en su gran mayoría, exceptuando a personajes políticos relacionados con la República, que vivieron un exilio rodeados de lujo y abundancia y que el dinero republicano fue repartido de forma muy poco equitativa, ofreciendo privilegios a sus propios correligionarios políticos, especialmente a socialistas y republicanos de los distintos partidos.

3.- Análisis de la situación.
La SERE de Negrín quedaba desactivada, según éste por la falta de fondos en agosto de 1939 pocos meses después de finalizada la Guerra Civil Española y habiendo fracasado estrepitosamente en sus fines de evacuación y ayuda a los exiliados. A partir de ese momento se crea la JARE con sede en la capital francesa y con unos elevados emolumentos para los componentes de la Junta, de la cual se nombró presidente a Indalecio Prieto. Sería la llegada de los tesoros del Vita al puerto de Veracruz lo que le concedería a Prieto el cambio de poder real al hacerse cargo éste de sus bienes y erigirse en responsable de su gestión. Así, quedaría formada la JARE hasta 1942 en que el gobierno mexicano pasase a controlar las cuentas del exilio republicano.
La ocupación alemana de Francia supuso el cambio de residencia de la Junta a México, dónde sus miembros seguirían recibiendo importantes retribuciones de la misma forma que personajes influyentes en la extinta república recibían importantes subvenciones y pensiones.
El documento enviado por las asociaciones de refugiados españoles en México ofrece una visión gráfica de lo que estaba ocurriendo:
“Los que suscriben, refugiados políticos españoles y como tales titulares del patrimonio que usted como presidente de la JARE tiene en su poder (…) Lejos de cumplir con aquellos deberes, la JARE, así como el Comité Técnico, han prostituido su función, distribuyendo el dinero común de modo ilícito entre los amigos y partidarios de los gestores del mismo, obligando a la masa a vivir en la más paupérrima de las miserias (…) Entre tanto, usted y sus parientes y amigos, viven en casas suntuosas como la que usted posee en Nuevo León 103, y dilapidan  crapulosamente el dinero colectivo (…) A cuenta del patrimonio de los refugiados, ustedes, llevan una conducta en este país, que hace honor a los plutócratas y terratenientes españoles contra quienes el pueblo vertió su sangre en la guerra civil.”

El contraste con los cientos de miles de refugiados republicanos y la miseria que padecieron es digna de recriminación tanto a Negrín como a Indalecio Prieto, a sus luchas e intrigas por el poder, la apropiación indebida de bienes y la gestión partidista que se hizo de éstos. Su falta de sensibilidad con respecto a los combatientes republicanos, los mutilados, las viudas, los niños, etc., serán con seguridad expuestos en futuras publicaciones para sacar a la luz la obra de estos siniestros personajes que en la actualidad gozan del beneplácito, no sólo de la memoria popular, por haber sido víctimas del alzamiento de parte del ejército, con la ayuda de todas las derechas españolas, sino también de muchos investigadores que han tratado el tema con demasiada benevolencia, sin atender el desprecio realizado a las clases más desfavorecidas, la falta de asistencia a éstas y la apropiación de estos bienes con todas las consecuencias para su propio beneficio y el de sus partidarios políticos.

La gota que colmó el vaso para que las autoridades mexicanas interviniesen ante el despropósito de la gestión de los líderes republicanos en el exilio fue el descubrimiento por parte de Ávila Camacho de un importante capital, 2.300.000 dólares que manejaba la JARE sin su conocimiento y que a la postre, provocó una crisis de confianza que llevó a declarar al gobierno mexicano el decreto de noviembre de 1942 en el que ponía fin a la JARE y se hacía responsable directo de todos los exiliados españoles hasta hasta que volvieran a entregar los bienes en 1945 a Martínez Barrio como presidente de la República y a Giral como presidente del gobierno en el exilio, eso sí, sin conseguir que Prieto diera explicación alguna sobre su gestión, ni en ese momento ni posteriormente, lo que le convierte directamente en un traidor a los intereses republicanos.







José Luis Romero Carretero.

viernes, 4 de diciembre de 2015

EL TREN DE LA MEMORIA



Durante los años 50 del siglo XX se va a iniciar en España una emigración económica hacia los países más industrializados de Europa, intensificándose a partir del Plan de Estabilización de 1959 y durante toda la década de los sesenta hasta la crisis del petróleo en 1973. En total, van a ser más de 2.000.000 de personas las que van a abandonar nuestro país para buscar un mayor nivel de vida en la Europa rica.

Las causas señaladas por los investigadores para explicar este fenómeno migratorio tienen origen interno, como la elevada natalidad, la pobreza de buena parte del campo español y los bajos beneficios de la agricultura así como el débil desarrollo de la industria en España. De la misma forma, se señala también un origen externo basado sobre todo en el fuerte desarrollo industrial y la necesidad de reconstrucción de la Europa de posguerra, así como la necesidad de abundante mano de obra.

Atendiendo al número de emigrantes por comunidades autónomas, destacan por encima de las demás Andalucía y Galicia concentrando casi el 50% de las salidas, seguidas a gran distancia por Castilla y León, Madrid y la Comunidad Valenciana. Sobre las dos últimas cabe destacar que muchos de esos emigrantes procedían del campo español que ya habían realizado una primera migración campo-ciudad.

En cualquier caso, el perfil del emigrante español siempre era el mismo, personas procedentes del campo español, sumidos en la miseria radical, con pocos o nulos estudios ni capacitación profesional alguna cuya única esperanza para sobrevivir ellos mismos y los familiares que quedaban en España era esa humillante emigración a Europa, especialmente a Alemania.

El documental “El tren de la memoria” cuenta el regreso de una persona que recuerda el momento en el que cientos de miles de españoles emigraban a Alemania durante los años sesenta y el reencuentro con una compañera suya que decidió quedarse en Alemania como trabajadora social en Cáritas y la comunidad de emigrantes que aún quedan en ese país.

Expresa perfectamente las miserias de la España rural y la necesidad de emigrar, así como el momento histórico y la masiva emigración de personas sin formación y proveniente del campo español, llenando trenes de desheredados hacia el corazón de Europa. Las imágenes sobre el trabajo en el campo y su pobreza impactan tanto o más que esos trenes cargados de emigrantes.

Una vez llegados a Alemania, se les hacía saber que eran diferentes e inferiores. Los emigrantes españoles eran tratados como si fuesen presos sin ningún tipo de derechos, en algún momento del documental me recuerda el trato ofrecido y la organización de los campos de concentración nazis. Se les hacía perder su dignidad y eran apartados del resto de la población, viviendo en barracones cercanos a sus puestos de trabajo, sin ningún tipo de servicios básicos y con estrictas normas de convivencia, separando a hombres y mujeres, incluso a los casados. En definitiva, los trabajadores españoles fueron entregados a Alemania para que las autoridades y las empresas les manejasen a su antojo y fueran tratados casi como esclavos.

El choque cultural también era muy importante, teniendo en cuenta que Alemania disfrutaba de un nivel económico y social muy avanzado, especialmente en esta época después de la reconstrucción alemana, contrastando fuertemente tanto con la miseria de los emigrantes españoles, como con su baja formación, en la mayoría de los casos se trataba de analfabetos y también el contraste de culturas, los españoles muy apegados a su tradición católica y a sus costumbres.

Los dos millones de españoles emigrados fueron a parar a las fábricas alemanas convirtiéndose en obreros, separados de los alemanes que obviamente ascendieron en sus puestos al llegar esta inmensa cantidad de mano de obra barata. Fueron a parar a todos los sectores, desde el textil hasta la mensajería.

El documental también habla de sentimientos, expresa la dureza del exilio, la melancolía, los recuerdos de sus familiares y seres queridos, las largas horas en los barracones pasando frío y necesidades, el intercambio de experiencias, etc.

Nos enseñan las barracas en las que vivieron estos emigrantes, sin ningún tipo de comodidad, de hecho, habían sido construidas y utilizadas con anterioridad como caballerizas. Este punto, nos señala claramente lo que representaban los emigrantes españoles para las autoridades y empresarios alemanes, mano de obra barata que no generaría conflictividad social y que haría funcionar sus prósperas fábricas y empresas que a la postre harían realidad el gran desarrollo económico alemán y el despuntar como uno de los países más desarrollados del mundo y líder y motor de la actual Unión Europea.

Los protagonistas del documental nos cuentan como también la sociedad alemana les humillaba, les hacían sentir distintos e inferiores. Posteriormente vino el hacinamiento en barrios muy pobres donde vivían varias familias en un mismo apartamento, trabajando a doble turno y sin poder verse las familias en toda la semana, incluso teniendo que mandar a los hijos a España para que los cuidasen los abuelos y otros familiares.

Por otra parte, los alemanes necesitaban esa mano de obra y su baja conflictividad pero a su vez, debían esconderla y mantenerla apartada de una sociedad avanzada con costumbres cosmopolitas y acostumbrados a pensar como había dicho el nazismo unos décadas antes “una raza superior”, y eso realmente es lo que parecía y como se mantenían las diferencias con los emigrantes españoles. El documental muestra también la frialdad y la dureza del capitalismo, el lado más oscuro de la revolución industrial, miles de obreros trabajando a ritmo frenético para abastecer a unas máquinas que nunca paran, nuestra protagonista cuenta como le parece imposible en un primer momento llegar a poder asimilar aquella velocidad a la que funcionaban las máquinas.

El momento histórico y el fenómeno migratorio plasmado en el documental destruye el mito que la propaganda franquista se encargo de publicitar y desmiente las versiones oficiales, mostrando con toda crudeza la realidad que vivieron los emigrantes españoles, la vergüenza que sintieron en tantas ocasiones, la humillación continua a la que estuvieron expuestos, el rechazo cultural y humano, mientras que mantenían a sus familias en España. Fueron maltratados doblemente a su vuelta cuando se encontraron que sus familiares habían encontrado buenos trabajos en España mientras ellos mantenían esas familias desde el extranjero y a su llegada se encontraron con que tampoco tenían trabajo en España porque quienes se habían quedado los habían ocupado.

El responsable de emigración en ese momento lo describe como una operación ejemplar, con todos los movimientos estudiados y organizados desde el gobierno español junto con el alemán. La dictadura franquista se encargaba de difundir su propaganda de orden, alegando que todos los españoles llegaban con contrato de trabajo y eran alojados en hoteles cuando la realidad que presenta el documental es en todo contraria a esa propaganda, incluyendo esa tan aireada falacia que se repite hasta la actualidad de que los españoles emigrantes salían de España con contrato de trabajo. El documental desmonta también esa mentira señalando que la mitad de esos dos millones de españoles emigraron sin contrato laboral.

Otro aspecto ofrecido por el franquismo era el de la superación y la mejora económica, la supremacía de la cultura española y las buenas y cordiales relaciones entre españoles y alemanes, así como el intercambio cultural y el hermanamiento. El documental ofrece la cruda realidad y las mentiras del régimen franquista. Los protagonistas nos cuentan directamente, la vergüenza y la humillación a la que se vieron sometidos, separados de la población alemana con la que tenían el mínimo contacto en los centros de trabajo, sometidos a normas estrictas que recuerdan los campos de concentración nazis.

Los españoles que venían a España de vacaciones echaban el resto en presumir sobre el bienestar económico del que disfrutaban en Alemania y hasta el cine llevó a sus pantallas este hecho que también niegan los protagonistas de este documental, aclarando que incluso muchos de estos emigrantes decidieron no volver a España por la vergüenza que les causaba el no haber conseguido prosperar tal y como la propaganda franquista había conseguido transmitir a la sociedad española.

La propaganda ofrecida por el régimen franquista, especialmente en el NO-DO, ofrece una imagen totalmente tergiversada de la integración de los emigrantes españoles y de su acogida, del cariño y la hospitalidad alemanes y del intercambio cultural. La postura oficial sobre este momento histórico fue otra forma de engaño general a la sociedad española, difundida por todos los medios de comunicación y asimilada por una sociedad sin posibilidad de contrastar información.

El objetivo había sido marcado en el Plan de Estabilización y las remesas de los emigrantes fueron decisivas en el desarrollo español, por ese motivo se hacia esa propaganda.

Finalmente, algunos emigrantes, junto a la izquierda alemana y alentados por ella llegaron a tener una conciencia de clase y descubrieron que habían estado sometidos durante años. En ese momento comenzó una nueva fase en la que la conflictividad social comenzó a ser un problema para los empresarios, se había acabado en buena parte ese sometimiento y habían descubierto su fuerza gracias a la gente comprometida, aunque minoritaria y comenzaron las huelgas para pedir derechos, para pedir unas condiciones mínimas de vida e incluso se comenzó una lucha contra la dictadura franquista con la que la clase obrera alemana llega a solidarizarse. Tanto es así, que el régimen franquista empieza a vigilar de cerca a la comunidad emigrante por su deriva obrerista e incluso hacia el PCE. Las casas de España y las campañas dirigidas desde nuestro país estaban dirigidas a que los emigrantes pensaran y estudiaran lo menos posible y recibieran solo la información y sobre todo las fiestas y la cultura española. Esa era la forma de combatir del régimen al nuevo pensamiento de una buena parte de los emigrantes españoles. De hecho, el régimen franquista ofrecía la “operación patria” para contrarrestar cualquier forma de desvinculación del franquismo por parte de los emigrantes. Nuestros protagonistas cuentan como se trataba de una nueva forma de humillación hacia sus compatriotas en el extranjero.

El documental me interesa como posible fuente de investigación para estudiar el fenómeno racista y xenófobo del nazismo alemán y la posterior evolución en el comportamiento de la sociedad alemana con respecto a los emigrantes, primero aceptándoles como mano de obra barata que solucionaba su necesidad de falta de mano de obra y posteriormente su desprecio, a partir del inicio de la crisis en 1973 y la acusación dirigida a estos inmigrantes de ser culpables del paro entre la población germana y el odio a los extranjeros. El estudio entraría a considerar este fenómeno en la actualidad y ampliado al resto de Europa pero centrado en nuestro país y esa peculiar visión que una parte importante de la sociedad tiene con respecto a la inmigración y el trato al que son sometidos. En resumidas cuentas, el trabajo sería sobre la inmigración extranjera en España desde los años noventa hasta 2015, incluyendo la actual crisis de refugiados procedentes de la guerra civil siria en la que han abandonado ese país más de cuatro millones de personas convertidas en refugiados y casi ocho millones de desplazados internos.

En dicho trabajo debo reflejar el comienzo de una tibia inmigración a mediados de los noventa y que comienza a crecer mucho más deprisa a partir del año 2000, me interesan mucho todos los datos objetivos, todos los números, datos y tablas, pero el objetivo básico de ese trabajo ha de centrarse en la sociedad española, en la forma de acoger a esos inmigrantes, como ha calado buena parte de la propaganda ultraderechista, “los españoles primero”, en buena parte de la sociedad, el ¿por qué se tiene la sensación de que los extranjeros obtienen mayores beneficios sociales que los españoles?, el desprecio a éstos en tiempos de crisis por la competencia por los trabajos menos cualificados y en resumidas cuentas, el miedo al distinto, el miedo a su cultura y en muchos casos el desprecio y el odio hacia los inmigrantes. Pretendo realizar una comparativa entre lo que fue el nazismo y los distintos fascismos en los años treinta del siglo XX, sus reminiscencias dentro de la próspera Europa posterior a la Segunda Guerra Mundial y el mantenimiento de las ideas xenófobas y racistas, especialmente dentro de la dictadura franquista y sobre todo, la comparativa con el momento actual, todo el proceso de inmigración que ha ocurrido en nuestro país y la evolución de nuestra concepción de los inmigrantes, así como la mayor, menor o nula aceptación de los extranjeros, dependiendo de su cultura o su procedencia. Todo ello, debe ser observado, teniendo en cuenta el tema central del documental “El tren de la memoria”, el trato ofrecido a los emigrantes españoles en Alemania, su evolución durante los años sesenta y el momento en el que llega la crisis en 1973 y la reaparición de los neofascismos o neonazismo, así como la continuación en España del pensamiento ultraderechista avalado por una dictadura que inició su andadura de la mano del fascismo italiano y el nazismo alemán y que se consolidó en el tiempo hasta la muerte del dictador en el año 1975.

Las conclusiones más importantes a las que se puede llegar después de ver este documental es la manipulación mediática que pretende justificar tanto la explotación alemana de la clase obrera, en este caso, de los inmigrantes españoles, así como la vergüenza de la dictadura franquista y la miseria de un país, España, del que tienen que emigrar más de 2.000.000 de personas procedentes del campo. 

José Luis Romero Carretero. 








jueves, 3 de diciembre de 2015

Movimientos migratorios en España desde mediados del siglo XX.

El cambio de gobierno llevado a cabo en febrero de 1957 y la entrada en éste de nuevos ministros tecnócratas, procedentes del Opus Dei, llevaron a cabo una nueva política de liberalismo económico. Se va a aprobar el Plan de Estabilización en 1959 y se abandonará la autarquía llevada a cabo desde el final de la Guerra Civil, además de abrir las fronteras para dar salida a casi un millón y medio de españoles consumidos en la miseria, y a su vez, contribuir a la reconstrucción de Europa, a la que se dirigieron más de un millón de emigrantes españoles, ya que se encontraba inmersa en un acelerado proceso de desarrollo y con gran necesidad de mano de obra no cualificada para ocupar los puestos de trabajo menos atractivos y peor remunerados.


La situación que padecía España era completamente distinta a la del resto de países europeos occidentales. Mientras que nuestro país se encontraba estancado económicamente, sujeto a una autarquía impuesta tras la Guerra Civil, por causas ideológicas y en parte también por las malas relaciones internacionales de una dictadura de corte fascista que había sido impuesta en parte por la ayuda de los perdedores en la II Guerra Mundial, el desarrollo económico y el progreso que se estaba llevando a cabo en el resto de Europa Occidental, gracias al Plan Marshall primero y a la reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial, eran enormes y la necesidad de mano de obra no era cubierta por su propia población, necesitando remesas de emigrantes de los países del sur y de Turquía que ocupasen los puestos que requerían menor especialización.

En realidad, la emigración hacia Europa había comenzado antes de mediados de los años cincuenta, exactamente, desde 1945, en el momento de finalizar la Segunda Guerra Mundial, pero se trataría de un fenómeno limitado que llegaría a sus máximos entre los años 1960 y 1973. El total de emigrados españoles en esos años es difícil de precisar ya que existía una emigración asistida y otra no regulada, por lo que los datos finales distan mucho entre unos autores y otros. En cualquier caso, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la crisis de 1973, habrían salido de España alrededor de 2.600.000 españoles. El perfil de estos emigrantes era el de jóvenes varones entre 20 y 40 años, escasamente cualificados, siendo las provincias andaluzas, Galicia, Madrid (la capital había sido destino de emigrantes del interior peninsular) y Valencia las zonas más afectadas por esa emigración y Alemania (país de emigrantes tradicionalmente), Suiza y Francia los destinos mayoritarios de los españoles. 


Paralelamente, se estaba produciendo una emigración o “éxodo rural”, primero hacia las capitales de provincia y más tarde hacia las zonas más desarrolladas y dinámicas del país como son Madrid, Cataluña y País Vasco. Las zonas del interior, ambas mesetas, quedaron despobladas debido a la gran miseria que existía en el campo español, contando las estimaciones más tímidas, más de 3,7 millones de personas que al final del periodo, a mediados de los años setenta habrán dejado despoblado el interior de la Península con la excepción de Madrid, a favor de las zonas costeras y las islas.

La diferencia entre esta emigración interior y la exterior es que la primera era mayoritariamente definitiva, mientras que la segunda era adoptada como temporal. En el caso de la inmigración de los pasados años a España estos movimientos migratorios son también enfocados como definitivos a diferencia también de la emigración española actual que también es planteada mayoritariamente como temporal.

Esta emigración española se vio estimulada también por causas internas desde el Plan de Estabilización en 1959, principalmente, por un fuerte crecimiento demográfico, el crecimiento del paro, miseria en el campo español, excedente de población agraria sin capacidad de absorción en la débil industria española, etc. Algunas de esas causas las vemos en la actualidad en muchos países de los que proceden los inmigrantes llegados a España.

Las causas externas son más conocidas y  ya han sido apuntadas anteriormente, básicamente sería la rápida reconstrucción europea tras la Segunda Guerra Mundial, gracias al capital estadounidense que favoreció una amplia oferta de empleo en los trabajos más duros, haciendo a la vez subir en el escalafón a los trabajadores propios de cada país.

La diferencia principal entre la emigración española de los años setenta y la actual, está en el grado de especialización de los trabajadores. Mientras que en la actualidad, la mayoría de los emigrantes españoles son jóvenes con formación universitaria, durante los años setenta, también se trataba de jóvenes pero en aquel caso se trataba de mano de obra sin cualificación, principalmente provenientes de las zonas rurales. Ha cambiado mucho la formación de los emigrantes, pero existen también coincidencias, como la edad, jóvenes entre 20 y 35 años, atrapados en un porcentaje de paro juvenil difícil de asumir para cualquier país, tanto en la década de los sesenta como en la actualidad.

La crisis económica actual, iniciada en 2008, ha hecho que se reduzca drásticamente la inmigración extranjera que llegaba a nuestro país, tanto por las nuevas leyes antiinmigración como la última Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana, como por el recorte de derechos como la sanidad, que afectan a los inmigrantes que han hecho que España no sea un país de atracción, especialmente por la falta de objetivos laborales y que ha hecho también que cientos de miles de extranjeros que han perdido sus puestos de trabajo, hayan regresado a sus países de origen. Ahora bien, los conflictos bélicos en los que están inmersos en buena parte de África y Oriente Próximo, especialmente en Siria, están provocando movimientos de personas que están haciendo que miles de inmigrantes se agolpen en las fronteras del sur y sigan llegando a las costas europeas huyendo de la desesperación, de la guerra y de persecuciones políticas y religiosas.

El inicio de la inmigración en España comienza a ser un fenómeno de importancia demográfica y económica a partir de los años noventa del siglo XX. Sus causas son el desarrollo económico español, basado en la construcción y en el turismo, además de haberse convertido nuestro país, en residencia permanente o de buena parte del año de jubilados de países de Europa Occidental que buscan regiones con climas más cálidos.

Lo cierto es que el espectacular aumento de población que había experimentado España en los últimos años se ha visto frenado y está decreciendo precisamente por el abandono de nuestro país, tanto de extranjeros que han perdido sus trabajos, como de jóvenes españoles que no pueden acceder a él.

Durante el 2014 la emigración ha sido algo menor que en 2013 según los datos del INE, donde se hace diferenciación entre extranjeros que han abandonado el país en número de 330.559 personas y no veían un futuro laboral próximo y los inmigrantes que han llegado, como digo, no siendo en su mayoría el destino final sino como lugar de paso a Europa obligado, buscando otros destinos que presentan mayores oportunidades laborales, estos serían 265.757 inmigrantes, lo que daría un saldo negativo de 64.802 personas.

El número de españoles que abandonaron el país en 2014 también fue menor que en 2013 y asciende a 78.785 españoles, dentro de los cuales se hace otra diferenciación, que es la de españoles nacidos o no en España y de los cuales 50.249 si lo eran. La diferencia entre los españoles que emigraron y los que volvieron a España deja un balance negativo de 37.507 personas.

En resumidas cuentas, la emigración en España decreció en 2014 con respecto al año anterior en un 23%, siendo 409.343 las personas que abandonan el país mientras que van a ser 307.034 las que se establezcan en nuestro suelo, dando un saldo negativo de 102.309 durante el año 2014.

Existe una lucha entre partidos políticos, el PP en el poder, empeñado en minimizar el porcentaje de españoles emigrados por cuestiones económicas y la oposición por mostrar los datos más catastróficos posibles para denostar la acción del gobierno.

Sin embargo y pese a toda la información que muestran tanto el INE como el PERE, los distintos partidos políticos y muchos investigadores, la marea granate con el apoyo de sociólogos y demógrafos, han constatado que las cifras oficiales están manipuladas y el número de emigrantes españoles es muy superior al que desde el gobierno nos indican. Aún así, aunque se han realizado estudios demostrativos en varios países, en los que se demuestra que los datos que arroja el PERE o el INE no coinciden con la realidad, dan varios motivos por los que fallan esos estudios, uno de ellos el simple dato de que los emigrantes españoles en su mayoría no se dan de alta en las embajadas de destino, lo que queda demostrado en varios países. También ofrecen datos de regreso de emigrantes españoles que serían jubilados españoles que vuelven a nuestro país mientras que los jóvenes que necesitan un trabajo deben permanecer en el extranjero. La conclusión puede ser, la dificultad de cuantificar el análisis y los datos correctos de esta emigración de jóvenes españoles en el contexto de una crisis profunda en la que el paro juvenil tiene niveles cercanos al 60%.

La cifra de extranjeros en España en 1986 era insignificante,  241.971 personas, aún así, la tónica general del principio será la de crecimiento, aunque en principio un poco más lento, hasta mediados de los noventa que comienza a crecer más rápido, convirtiéndose en un fenómeno migratorio muy pronunciado desde el año 2000 hasta el año 2010 a partir del cual comienza el descenso, perdiendo más de 700.000 habitantes hasta enero de 2014. Sólo en ese último año se fueron de España 304.623 inmigrantes. En la actualidad, España cuenta con 4.747.734 extranjeros de dónde podemos hacer una diferenciación más entre extranjeros comunitarios con casi dos millones de personas y extracomunitarios con algo más de dos millones setecientas mil personas.

Este hecho ha influido también en la reducción de habitantes en nuestro país, por tercer año consecutivo, pasando de 46.818.216, hasta los 46.439.864 habitantes que tiene España en la actualidad. Estos datos hay que atenderlos teniendo en cuenta que el saldo entre nacimientos y defunciones es positivo por lo que el crecimiento vegetativo también lo es, dejando claro que la pérdida de habitantes sólo puede ser por movimientos migratorios con saldo negativo. Esa es la forma en la que nuestro país pierde población desde el año 2011, tanto población extranjera establecida en España como población nacional joven en busca de empleo. 

En relación a la procedencia de la inmigración en España, la inmensa mayoría procede de nuestras antiguas colonias en Suramérica con más de un millón y medio de personas, seguido a distancia, con casi 900.000 personas procedentes de los países ricos de Europa Occidental y algo más de 700.000 procedentes de la Europa del Este y poco más de 600.000 de África del Norte. A pesar de la notoriedad y el drama que supone el hecho de la llegada de pateras a nuestras costas cargadas de subsaharianos en pésimas condiciones y los que mueren trágicamente en el trayecto o las últimas acumulaciones de inmigrantes en las vallas de Ceuta y Melilla esperando el momento de saltarlas y acceder así a nuestro país, el número de subsaharianos asciende a 170.000 y los procedentes de Oriente Próximo unos 18.000.

Por nacionalidades, los más numerosos son los rumanos con casi 800.000 inmigrantes de esa nacionalidad, seguidos de cerca por los marroquís con 774.000 y ya a gran distancia por británicos con 300.000 personas.

La población española ha continuado creciendo hasta diciembre de 2011. Las cifras de población de 1 de enero de 2012 es la más alta de la historia de España, 46.818.216 habitantes. En la década de los noventa, la población española aumentó alrededor de un millón de personas, básicamente gracias al crecimiento vegetativo de la sociedad y en los últimos años, gracias a la inmigración. A partir, del año 2000 en el que España alcanza la cifra de 40.499.791 habitantes va a comenzar el crecimiento espectacular de la población española, gracias al fenómeno de la inmigración. En esa fecha España no llegaba al millón de extranjeros, mientras que a lo largo de la década va a llegar a casi los siete millones de extranjeros hasta que en el 2011 se alcanzara su cenit y comenzara el descenso.
Del mismo modo que la crisis de 1973 afectó a los emigrantes españoles dando por terminado un ciclo económico expansivo en Europa y por ende, el fin de la emigración española en el periodo; la crisis económica actual, a estas alturas ya bastante persistente, ha hecho que finalice la inmigración en nuestro país y que incluso se haya iniciado un nuevo proceso migratorio que afecta a los inmigrantes que abandonan nuestro país y a los jóvenes nacionales que por falta de expectativas laborales deben abandonar España en busca de trabajo.

Por comunidades autónomas, las que pierden más habitantes con destino a otros países durante el año 2014 han sido la Comunidad de Madrid con 37.789 emigrantes, seguido muy de cerca por Cataluña con 37.669 emigrantes y Comunidad Valenciana con 18.849 emigrantes. Son datos que se vienen repitiendo, durante el año 2013 Madrid perdía 83.835 y Cataluña 77.873. En la actualidad además de personas con cualificación profesional y universitarios, los emigrantes españoles actuales son mayoritariamente de las zonas más desarrolladas económicamente del país. Además, es en estas zonas donde también se habían instalado principalmente los inmigrantes que acudían en busca de empleo y que ahora vuelven a sus países de origen o se desplazan a lugares con mayor dinamismo económico y posibilidades laborales.

En el periodo emigratorio español de los cincuenta hasta mediados de los setenta las zonas emisoras principales eran Andalucía con 356.885 emigrantes en todo el periodo, y Galicia con 386.695 que alcanzan casi el 50% del total, seguidos a gran distancia por Castilla y León, Madrid y Comunidad Valenciana, mientras que los principales destinos eran Alemania y Suiza. (datos Tomás Franco).

Como hemos podido ver, son importantes las diferencias tanto internas como externas que se pueden observar en ambos periodos, aunque también hay coincidencias entre los dos tipos de movimientos migratorios, en ambos casos, son mayoritariamente por motivos económicos. Los inmigrantes que llegaron a España en masa desde el año 2000 lo hicieron por las expectativas laborales en la construcción y el turismo de la misma forma que los españoles que emigraron a Europa a partir de los años cincuenta lo hicieron atraídos por el desarrollo económico europeo tras la Segunda Guerra Mundial. En ambos casos, las causas internas son la pobreza, la falta de expectativas laborales, etc.

Los países emisores de los años 2000 a 2011 eran países pobres con población joven que buscaba un futuro laboral y social más favorable, de la misma forma que lo hicieron los españoles a partir de los años cincuenta hasta la crisis de 1973. En el caso de España y la inmigración masiva de esos años, existe también una inmigración de países ricos, esta si que sería algo muy diferenciado de la emigración española a Europa, especialmente del norte y centro de Europa buscando el clima cálido de nuestras costas, especialmente del Levante y los dos archipiélagos.

INE

José Luis Romero Carretero.