lunes, 6 de marzo de 2017

Reseña del libro: “La guerra después de la guerra” de Melvyn P. Leffler.




Portada
ÍNDICE:


1.-Ficha bibliográfica.

2.- Introducción.

3.- Análisis y contenido de la obra.

4.- Juicio crítico y conclusiones.





1.-Ficha bibliográfica:

Autor: Melvyn P. Leffler.

Título: “La guerra después de la guerra”
Título original: For the Soul of Mankind
                         The United States, the Soviet Union, and the Cold War.

Ciudad: Madrid
Editorial: Crítica
Año: 2008
Páginas: 773



2.- Introducción

El tema principal del libro es el periodo de Guerra Fría que tiene su origen tras la Segunda Guerra Mundial, su evolución durante más de cuatro décadas hasta la caída de la URSS en 1991.

Se trata de un minucioso trabajo de investigación, analítico, basado en los hechos, las decisiones y actuaciones de los principales líderes soviéticos y americanos. Es una obra interpretativa en la que la ideología pretende quedar en un segundo plano, dando prioridad al desarrollo de los procesos resolutivos.

El autor pertenece a la corriente historiográfica  positivista,  de la historia social y de las mentalidades dentro de la historiografía liberal ofreciendo un paso adelante ya que en la actualidad no existe enfrentamiento geoestratégico desde la caída de la URSS en 1991. Desde una pretendida objetividad se puede observar en el fondo la convicción de la superioridad histórico moral del liberalismo y su evolución frente al comunismo.

El libro apela continuamente a los sentimientos de los personajes implicados. Stalin estaba convencido de que el socialismo triunfaría finalmente, aunque no disponía de estrategia alguna para su consecución. Se trata de una sucesión bien estructurada de cinco momentos históricos decisivos, planteando el desarrollo de los hechos y las situaciones a partir de esos sentimientos, mediante diarios, cartas, etc., que demuestran un laborioso trabajo de investigación de los nuevos documentos liberados en EEUU y en Rusia a la vez que una gran obra de divulgación.

Nos encontramos ante una obra que enfrenta dos posiciones y concepciones del mundo radicalmente contrarias y contrapuestas y de ahí su intensa desconfianza y hostilidad, aunque Leffler nos explica a lo largo de sus líneas como todos los líderes de ambas potencias se estremecen ante el poder propio y el del enemigo y no tienen planes concretos de actuación sino que se ven arrollados por los acontecimientos históricos. Cada uno de los personajes pretendía y creía fielmente en la superioridad de su ideología y de su estilo de vida sobre el del contrario y estaban convencidos de que finalmente vencerían. Esa concepción del futuro del mundo la tenían los soviéticos, pensando que finalmente, los pueblos llegarían al comunismo como única forma de vida justa y sin explotación del hombre por el hombre, mientras que los líderes norteamericanos estaban convencidos de la superioridad de las creencias religiosas, la libertad del mercado y la democracia.

El trabajo recoge todo el periodo histórico conocido como Guerra Fría, adentrándose en la psicología de los personajes y sus vidas privadas, Habiendo sido reconocido por la crítica como “obra maestra”. En cualquier caso, se trata de un magnífico libro que trata el tema con suficiente objetividad y está estructurado y escrito de una forma muy comprensible y lógica sin perderse en frivolidades, más allá de esos aspectos psicológicos de los que hace línea investigadora.


3.- Análisis y contenido de la obra.

Como ya dije, la obra se estructura en cinco partes y una sucesión de hechos históricos a través de los personajes más importantes de cada época. Se inicia con Stalin por parte de la URSS y primero Roosveelt y más tarde Truman por parte de EEUU. Se trata del momento más delicado para la Unión Soviética, ya que ha sido ocupada por el ejército nazi durante la Operación Barbarroja desde el verano de 1941, la reacción y el inicio del declive alemán desde diciembre de ese mismo año. El objetivo principal de Stalin no es llevar la revolución más allá de la URSS sino implantar el comunismo en su propia nación y crear un círculo favorable en torno a su territorio para que no volviese a ser invadida con la facilidad que lo había hecho Hitler. Al terminar la guerra, los temores entre Truman y Stalin se acrecientan y sus diplomáticos lo acentúan. Truman, al que califica como un “perdedor” y burócrata gris cree que su país es el elegido por Dios y debe de mantenerse por encima del resto del mundo y al finalizar la guerra como guardián del orden, aunque nunca le hubiesen interesado los asuntos internacionales. La buenas relaciones de Roosvelt y Stalin se van a deteriorar en cierto modo con Truman, especialmente al final de la guerra con el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagashaqui que son tomadas como una demostración de fuerza, unidas a algunas declaraciones del presidente de EEUU que parecía o entendía Stalin que iba en contra de los tratados de paz de Yalta en el que los intereses soviéticos habrían sido satisfechos y fueron denominados por Truman, Telón de Acero. Stalin no estaba dispuesto a que volviese a renacer una Alemania fuerte ya que había causado en su país los mayores daños, tanto humanos como materiales, mientras que Truman debía hacer frente a unos pronósticos electorales negativos. La distinta visión de lo que debería ser Alemania entre las dos potencias era radicalmente distinta. En definitiva, se abría un periodo de tensión entre ambas potencias en el que la URSS va a respetar su compromiso de no intervenir ni ayudar a los partidos comunistas (especialmente en Grecia, ya que Truman creía que tendría un efecto dominó en Europa) de algunos países que habrían sido favorables y no avanzar en los lugares en los que se encontraban sus tropas con el objetivo de no llegar a un nuevo enfrentamiento militar, en este caso contra Gran Bretaña y EEUU. Ante la debilidad británica se pondría en marcha la Doctrina Truman. Ante esta amenaza que sentían los EEUU sobre el afianzamiento de la URSS van a decidir ayudar a la reconstrucción de Europa para mantenerla en la órbita capitalista, teniendo lugar las mayores tensiones con respecto a Alemania. No sólo Stalin, el pueblo alemán seguía teniendo en mente la brutalidad nazi y el peligro que representaba esa recuperación alemana, mientras que desde EEUU se va a iniciar una campaña de “cruzada ideológica” contra el marxismo. Ese miedo parece fuera de lugar a la vista de la documentación existente ya que los planes de la URSS no estaban por la expansión de la revolución en Asia o países del Tercer Mundo y aunque Stalin solo pretendía mantener el comunismo en su propio territorio, los recelos eran fuertes y la campaña anticomunista que se ponía en marcha de proporciones universales. Desde 1948, oficialmente aparece el escenario de guerra fría que marcará las relaciones de ambas potencias hasta la caída de la URSS en 1991. Como dice la profesora de la UNED, Rosa Pardo Sanz en su artículo “Hacía un sistema bipolar”:

Muchas de las nuevas esperanzas que trajo la paz se frustraron pronto a causa de las tensiones entre los socios de la Gran Alianza ganadora de la guerra, en particular entre EEUU y URSS, las superpotencias tras el conflicto.”

La muerte de Stalin en 1953 despertaría la esperanza de unas relaciones alejadas del escenario de guerra fría y es tratado en la obra como capítulo 2 “Una puerta abierta para la paz, 1953-1954: Malenkov y Eisenhower”. Después del periodo de incertidumbre que aconteció durante los momentos previos a su muerte y especialmente después de muerto que parecía que todo iba a terminar y la revolución se acabaría. De todas formas, los herederos de Stalin acordaron que fuese Malenkov el nuevo líder de un gobierno colectivo. Inmediatamente se apresuraron a dar un aspecto más humano al comunismo para que sirviese al pueblo y sacar de las cárceles a presos políticos además de enfrentarse a la grave crisis económica. Según lo que nos cuenta Leffler, los líderes comunistas sabrían cuáles eran los problemas y parecían dilucidar las soluciones, además de pregonar la paz y una política internacional de cooperación, especialmente con los países de la órbita comunista.

Solo un año antes del fallecimiento de Stalin había sido elegido presidente de los EEUU el general Eisenhower. Como de todos los personajes, el autor realiza una descripción psicológica de la personalidad y la evolución de Ike, procedente también de zonas rurales como Truman, se distinguía de este, sin embargo en que su formación fue militar, religiosa y republicana. Precisamente su prestigio militar en la II Guerra Mundial, además de la promesa de abandonar la guerra de Corea y profundizar en la Guerra Fría fue el que le llevaría a la presidencia de los EEUU.

Eisenhower creía que su país estaba obligado a defender su estilo de vida por encima de todas las cosas, lo que inevitablemente le conducía a un enfrentamiento directo con la Unión Soviética y su estilo de vida, aunque por otra parte, también creía que Malenkov era una persona razonable, aunque veía la oportunidad de aprovechar la muerte de Stalin, aunque el Departamento de Estado pensaba que esa posición tan agresiva de EEUU afianzaría el régimen de Moscú. Lo que estaba claro es que no existía un plan. El nuevo gobierno americano creía que la anterior administración gastaba excesivamente en Defensa y se centrarían en el aspecto económico que a su vez daría a EEUU la fuerza militar.

En cualquier caso, también deja claro el momento histórico preciso y la tensión que aparece en torno a Europa, los países satélites de la Unión Soviética y especialmente Alemania. EEUU, no sabía que estrategia seguir.

Bajo Jruschov, sería cuando tuvieran lugar la crisis de los misiles en 1962 y la construcción del muro de Berlín en 1961 y la misma ruptura de relaciones con China, sin embargo, las conclusiones de Leffler le llevan a afirmar que la URSS pretendía la coexistencia pacífica con Kennedy. Esta sería la época de la nuclearización de la que el presidente de USA sería partidario de las inspecciones y de la relajación nuclear, mientras que la Unión Soviética avanzaba en los países del tercer mundo y Jruschov confiaba en el socialismo y su afianzamiento. Jruschov era partidario de prohibir los ensayos militares pero no estaba de acuerdo con las inspecciones. Leffler deja entrever que Kennedy habría traicionado la buena voluntad soviética con respecto a estos ensayos nucleares. Efectivamente, la desconfianza de Kennedy, como de los anteriores presidentes norteamericanos con respecto a la buena voluntad de la URSS eran evidentes. Peculiarmente, según las cartas que maneja el autor y que se enviaron ambos líderes, parece evidente que todos querían la paz. También es verdad que existen distintos tipos de paz y cada cual podría entenderla a su manera sin estar dispuestos a ceder en aspecto alguno.

En cualquier caso, la intención de Kennedy era acabar con la Guerra Fría y llegar a una paz real, meditada y en conciencia. Desde Moscú, la idea era la misma, aunque los problemas que había que superar eran grandes, la voluntad de ambos líderes parecía en la buena dirección. Según Jruschov si a Kennedy no lo hubieran asesinado en su propio país en noviembre de 1963 el desarrollo de la historia hubiera sido muy distinto. Todo terminó cuando accedió al poder el nuevo presidente Johnson, aunque Jruschov intentó empezar las negociaciones nuevamente desde el principio y buscaba con insistencia esa aproximación en las cartas enviadas al nuevo presidente de los EEUU. De todas formas, un año después del todavía a día de hoy no esclarecido asesinato de Kennedy, Jruschov fue destituido y sustituido por Brezhnev, mientras que el problema mayor con el que se encontraba EEUU era su interminable e impopular guerra de Vietnam, que destruía las buenas intenciones de Johnson con respecto a la ayuda a los pobres, minorías, etc., dentro de su propio país.

Brezhnev era partidario de la distensión por dos motivos, el fortalecer la economía y el nivel de vida de los soviéticos y para rearmarse y continuar con la carrera de armamentos., ya que desde su punto de vista, el equilibrio de fuerzas era la única forma de paz. El tratado de Helsinki con Ford había sido su mayor victoria pero era visto con mucha desconfianza desde EEUU. En 1976 ganaba las elecciones Carter, en plena crisis económica mundial empeorando mucho las relaciones con la Unión Soviética. La política de intervención en países de África y Asia por parte de la URSS no ayudaban a mantener la distensión. En especial, son tratadas con mayor atención las crisis de Irán y Afganistán que tanta trascendencia mantendrán hasta la actualidad con respecto a la aparición del radicalismo islámico y la yiha. También trata el autor con mucho interés el tratado de Viena, aunque en la realidad no contenía un fondo real. En este caso, Leffler culpabiliza a Brezhnev de traicionar el pacto de distensión, especialmente en Oriente Próximo, aunque la realidad sigue siendo la misma, fue imposible, no por los episodios concretos sino por una cuestión de ideología y mantenimiento y defensa de una forma de vida.

La última parte del libro es a la que se presta mayor interés ya que ofrece el desenlace, el fin de la Guerra Fría llevada a cabo por Gorbachov y Reagan, determinándose el final de la URSS ya en época de Bush padre. Nos cuenta los últimos momentos de Brezhnev y los fallidos sucesores en un momento de tensión extrema, mientras que el nuevo presidente de los EEUU, Ronald Reagan que como sus antecesores, creía en la superioridad moral de su país, el anticomunismo característico, etc., pero que además iniciaba una nueva etapa dentro de su país y en todo el mundo anglosajón, el neoliberalismo, junto a Margaret Thatcher que consistía en un agresivo liberalismo. La política de Reagan consistió en fortalecer la economía de su país y crear una política internacional agresiva. De ahí su idea de defensa estratégica, “La Guerra de las Galaxias”. Era partidario del diálogo pero desde la superioridad militar, económica y moral. Pretendía la paz, pero desde su perspectiva vencedora. Va a ser en su segunda legislatura, al año siguiente de su reelección cuando a la muerte de Chernenco, llegará al poder Mijail Gorbachov, un hombre que conocedor de los defectos del sistema, proponía un cambio y una evolución para mejorar ese propio sistema. Como hizo saber  a Reagan en Moscú, no pretendía tampoco enfrentarse a EEUU y era partidario de que cada cual arreglase sus propios asuntos domésticos.

Reagan no temía al comunismo y estaba dispuesto a enfrentarse a él si era necesario, pero conocía la  debilidad de su enemigo en ese momento que tenía unas grietas considerables, sabía que era el momento histórico que había estado esperando y para el que se había trabajado desde EEUU. La URSS mostraba una notable debilidad estructural que se apreciaba desde las dificultades militares tanto en Afganistán, como con los países satélites (que podo después realizarán cambios pacíficos sin intervención soviética) y las propias incoherencias internas. Gorbachov también era consciente de sus limitaciones, lo que llevó al entendimiento entre ambos líderes.

Las relaciones personales e incluso familiares entre ambos líderes parecían ser muy buenas y se reunieron en varias ocasiones con sus propias esposas. De estas relaciones van a surgir resultados concretos y pasos que dará con relación al final de la Guerra Fría por parte de Gorbachov, mientras que Bush parece aprovecharse de semejante oportunidad.

Las exigencias de George Bush se vieron reflejadas en el plan de reestructuración o Perestroika, presentado en 1986 por Gorbachov y que estaba orientado a mejorar la vida económica y social dentro de la propia URSS pero para ello estaba obligado a reducir el gasto militar que era lo que pretendía EEUU.

La actitud de EEUU siguió siendo la de acoso propagandístico contra la URSS, facilitado por el accidente nuclear de Chernobil,

Finalmente, Gorbachov intensificó los cambios iniciados, según una entrevista actual para el diario digital BBC Mundo de 25 de diciembre de 2016, era solo para mejorar el propio comunismo y finalmente se daría un golpe de estado, pero Gorbachov pidió la retirada de los misiles de corto y medio alcance que tendría gran repercusión y a la vez, comenzó a retirar sus tropas de Afganistán mientras que los EEUU prestaban ayuda a los muyahidines (lo que también ha traído consecuencias hasta la actualidad). A la reducción de armamento y a la retirada de tropas les dedica una atención especial en el libro.

El verdadero problema para la URSS era que EEUU no iba a estar satisfecho hasta no ver la destrucción de la Unión Soviética, de su estructura militar y una clara identificación política con el capitalismo bajo la dirección de EEUU.

El 21 de diciembre de 1991 se disolvió finalmente la URSS. La trayectoria de la Perestroika y las buenas intenciones de Gorbachov habían sido traicionadas, aunque Leffler concluye en un final inevitable. Gorbachov dice que hubo traición a sus espaldas, quizá fuera demasiado lejos en la confianza con Bush que había logrado su objetivo ampliamente.

La Guerra Fría había llegado a su fin, como dice Leffler pero también había sucumbido la URSS en un proceso de reestructuración, finalizó aceptando el mercado libre, la democracia y la superioridad del sistema capitalista



4.- Juicio crítico y conclusiones.

El trabajo de documentación e investigación que hace Leffler es realmente muy detallado y ha sido felicitado por ello por la crítica y por muchos historiadores. Sin embargo, el enfoque elegido para explicar este largo periodo de Guerra Fría, desde una perspectiva psicológica teniendo en cuenta los escritos y la personalidad de los personajes responsables de la historia, me parece también un tanto subjetiva, ya que no consigue centrarse en los hechos concretos y no les da la importancia que tiene cada una de las acciones, no para juzgarlas sino para interpretar el verdadero alcance de cada uno de los hechos acontecidos.

El trabajo no tiene en cuenta aspectos políticos y relaciones internacionales anteriores a la propia existencia de la URSS, no valora ni tiene en cuenta la política internacional seguida por la Rusia zarista durante siglos.

Justifica el inicio de esta Guerra Fría por razones ideológicas y de concepción del mundo radicalmente enfrentadas, aunque para eliminar al enemigo común durante la Segunda Guerra Mundial hubiesen sido aliados e incluso hubiera habido buenas relaciones diplomáticas y personales. Leffler saca como conclusión que todos los líderes soviéticos y americanos se ven obligados a llevar a cabo las actuaciones que realizan por las circunstancias históricas y no por decisiones completamente analizadas. A su vez, debían actuar como indican los poderes internos de cada potencia, tanto públicos, como privados, en el caso de EEUU y teniendo en cuenta la opinión general de ambas sociedades, en el caso de los americanos, especialmente mirando a las urnas.

Por otra parte, la biografía que hace de todos los personajes con anterioridad a la ocupación de los cargos de responsabilidad con la pretensión de explicar hasta cierto punto sus decisiones y actuaciones posteriores no me parece tampoco una línea objetiva de investigación histórica, habida cuenta de la propia evolución personal de los mismos personajes, las circunstancias concretas de cada momento histórico y el hecho de que por mucho poder que tengan estos personajes, especialmente en el caso de Stalin, siempre están sometidos a los intereses de grupos de presión, instituciones e incluso la opinión pública.

Los líderes de ambas potencias fueron incapaces de centrarse, una  vez terminada la II Guerra Mundial en sus respectivos países, en las necesidades de sus pueblos y en la economía, especialmente en el caso de la URRS, que a su vez la propaganda mantenía estar al servicio del pueblo. Lo que hicieron, fue exactamente lo contrario durante todo el periodo y Leffler, erróneamente, descarga de esa culpabilidad a los máximos responsables de esos países, como si en sus decisiones existiera una fuerza superior que les obligase a ello, cuando en el fondo, lo único que defendían, con mayor o menor determinación, era un estilo de vida, al que en este caso si que hace referencia el autor desde las primeras líneas.

La Unión Soviética tenía unos planteamientos bastante simples con respecto a la situación internacional que se basaban en controlar y contrarrestar el poder militar de EEUU y en la propia defensa de su territorio. Por otra parte, la obsesión de sus líderes y del propio pueblo con Alemania por el daño causado lo convertía también en otra de sus prioridades, la lucha porque Alemania no volviese a ser una gran potencia. La política exterior seguida por la URSS va a estar sometida a esos factores, el enfrentamiento con China y las guerras en numerosos países en vías de desarrollo. Para ello, debían dominar un cinturón de protección para la propia Unión Soviética creando países satélites dentro de la órbita soviética.

En el polo opuesto estaban los EEUU, inmersos de igual forma, según Leffler, en la defensa de su superior estilo de vida y “obligados” a actuar allí dónde el enemigo atacaba o amenazaba.

En resumidas cuentas, ambas potencias buscaban un equilibrio de poder geoestratégico y en ningún caso un enfrentamiento armado que hubiera resultado catastrófico para toda la humanidad.

La excepcionalidad que concede tanto a Reagan como a Gorbachov va mucho más allá de las consideraciones que tienen la mayoría de autores sobre esos personajes, haciendo una valoración exhaustiva tanto de su personalidad, formación, ideología, inteligencia, etc., lo cierto es que, como se suele decir, “estaban en el lugar apropiado en el momento preciso”. No tiene en cuenta, que con la caída de la URSS, se acaba la Revolución, se termina con un momento de equilibrio geopolítico surgido tras la II Guerra Mundial y con una tradición en política internacional de equilibrio entre varias potencias para garantizar la paz.

Sin embargo, el factor de movimiento y la descripción de cada uno de los dos mundos en liza lo realiza a la perfección, plasmando exactamente lo que representa cada uno de esos mundos y por lo que estaban dispuestos a combatir hasta el final.

Desde mi punto de vista, teniendo en cuenta que la buena voluntad de Gorbachov es evidente tanto en la negación de política expansiva internacional y la necesidad de reestructuración política de su país.

Las conclusiones de Leffler apuntan en la dirección de un final feliz una vez desmantelada la URSS, porque así acaba el mayor problema mundial después de la II Guerra Mundial. Sin embargo, siendo ciertas esas conclusiones, no es menos cierto que se trata de una victoria sin ningún tipo de paliativos no sólo para un modelo de vida, sino también para una gran potencia militar y económica que queda como único referente y como país que dirige al resto del mundo sin ser puestas en entredicho sus mandatos, relaciones, etc.


Tampoco verán freno o contestación las políticas más radicales aparecidas precisamente durante la década de los ochenta del pasado siglo, triunfando el capitalismo más agresivo, la aparición del neoliberalismo como única forma económica de gobierno, entrando en crisis, no solo los partidos comunistas sino también la socialdemocracia.

José Luis Romero Carretero.

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